La noche de fin de año pudo acabar en tragedia en Sevilla por la irresponsabilidad criminal de un conductor. Un individuo, que circulaba hasta las cejas de drogas, protagonizó una escena de película de acción pero con peligro real de muerte en la circunvalación SE-30. Tras saltarse un control de alcoholemia y drogas a toda velocidad, ignorando las señales de alto de los agentes, decidió que la mejor forma de huir era usar su vehículo como un ariete. El resultado: un coche patrulla de la Guardia Civil destrozado tras ser embestido violentamente y unos agentes que han vuelto a nacer de milagro.
Los hechos ocurrieron en la madrugada, cuando el dispositivo especial de Nochevieja estaba desplegado para garantizar la seguridad de todos. El conductor, lejos de detenerse, emprendió una huida suicida que terminó impactando deliberadamente contra el vehículo oficial que intentaba interceptarle. La violencia del choque fue tal que el coche de la Benemérita quedó inutilizable, con daños severos en la carrocería.
Positivo en drogas y desprecio por la vida
Tras la colisión, y a pesar de la resistencia, los agentes lograron reducir y detener al agresor. Las pruebas posteriores confirmaron lo que su conducción errática ya sugería: dio positivo en el test de drogas. Este sujeto no solo puso en riesgo su vida, sino la de los servidores públicos que velan por el tráfico y la de cualquier familia que volviera a casa tras las uvas. Se le imputan delitos de conducción temeraria, atentado contra la autoridad y daños.
Este incidente se suma a la triste lista de agresiones que sufren las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, cada vez más expuestas a una violencia gratuita y desmedida. Hace apenas unos días lamentábamos un atropello mortal con fuga en Madrid, y ahora vemos cómo en Sevilla se usa el coche como arma contra la propia policía. La pérdida del principio de autoridad y la sensación de impunidad de algunos delincuentes convierten la carretera en una jungla.
Héroes anónimos en la SE-30
Afortunadamente, en esta ocasión no tenemos que lamentar víctimas mortales, aunque sí agentes heridos leves y magullados que, pese al susto, cumplieron con su deber hasta el final. Su rápida actuación evitó que este conductor drogado siguiera circulando y pudiera provocar una masacre mayor en una noche de mucho tráfico. Sirva esta noticia para recordar que, mientras nosotros brindamos, hay hombres y mujeres de verde jugándose el tipo en el asfalto para que lleguemos vivos a casa.












