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El Gobierno frena el caos ferroviario in extremis y desactiva la huelga de trenes tras un acuerdo de última hora

España ha amanecido este lunes con estaciones colapsadas, trenes cancelados y miles de viajeros sin saber si llegarían a su destino. La huelga de trenes había arrancado con fuerza, servicios mínimos cuestionados y un seguimiento que sindicatos y empresa medían con cifras radicalmente opuestas. Pero, cuando el escenario empezaba a enquistarse, ha llegado el giro: el Ministerio de Transportes y los sindicatos han alcanzado un acuerdo para desconvocar los paros.

La huelga, que estaba prevista hasta el miércoles 11 de febrero, queda así neutralizada apenas horas después de empezar, aunque el impacto ya se ha dejado sentir en toda la red ferroviaria.

Una huelga que ha golpeado a más de un millón y medio de viajeros

Los sindicatos ferroviarios habían convocado tres días de paros para exigir más seguridad tras los accidentes de Adamuz, en Córdoba, y Gelida, en Barcelona. La reivindicación no era menor: pedían un cambio estructural que garantizara condiciones más seguras tanto para trabajadores como para usuarios.

Desde primera hora, la movilización provocó cancelaciones masivas y retrasos en servicios de alta velocidad, media y larga distancia, además de una notable reducción de frecuencias en Cercanías. Las redes sociales se llenaron de quejas, ironía y resignación por parte de los usuarios, muchos de ellos atrapados en estaciones sin información clara.

La operadora Renfe denunció que en Cataluña no se habían respetado los servicios mínimos, una acusación que fue rechazada de plano por los sindicatos, que defendieron haber cumplido la normativa.

Servicios mínimos, cifras enfrentadas y tensión máxima

El Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible había fijado unos servicios mínimos elevados:

  • 73 % en alta velocidad y larga distancia
  • 75 % en Cercanías en hora punta y 50 % el resto del día
  • 65 % en media distancia
  • 21 % en mercancías

Pese a ello, el sindicato de maquinistas aseguró que el seguimiento de la huelga entre sus trabajadores fue del 100%, mientras que Renfe rebajó esa cifra hasta un 11,6% en el turno de mañana. Dos relatos completamente opuestos que reflejaban la tensión del conflicto.

La consecuencia fue inmediata: cientos de trenes cancelados y miles de personas obligadas a buscar alternativas en plena jornada laboral.

El acuerdo que llega cuando el daño ya estaba hecho

La clave llegó por la tarde. En torno a las 17:44 horas, fuentes del Ministerio y de los sindicatos confirmaron un principio de acuerdo que permite desconvocar la huelga. Aunque a esa hora todavía no se había firmado formalmente el documento, ambas partes dieron por hecho el desbloqueo del conflicto y anunciaron que la desconvocatoria sería efectiva a lo largo de la tarde.

El acuerdo pone fin a una protesta que apenas llevaba unas horas activa, pero que ya había generado un impacto notable en la movilidad nacional y en la percepción de fragilidad del sistema ferroviario.

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Qué queda ahora y qué pasará con los trenes

Aunque la huelga queda desconvocada, la normalidad no es inmediata. Durante el resto del día y las próximas horas, todavía pueden producirse retrasos y ajustes mientras se recolocan trenes, personal y material rodante.

Desde el Ministerio y Renfe recomiendan a los viajeros consultar el estado de sus servicios antes de desplazarse, especialmente en Cercanías y media distancia, los segmentos más afectados durante la mañana.

El conflicto, sin embargo, deja un mensaje claro: la seguridad ferroviaria se ha convertido en una línea roja para los trabajadores y en un problema que el Gobierno no puede permitirse ignorar. El acuerdo evita tres días de parálisis, pero abre la puerta a negociaciones más profundas.

Un aviso serio para el sistema ferroviario

La huelga se ha desactivado, sí, pero el malestar sigue latente. Los accidentes recientes han puesto el foco en un sistema que mueve a millones de personas cada semana y que no admite errores.

El Ejecutivo ha logrado frenar el caos a tiempo, pero el precio ha sido una mañana de colapso y una advertencia clara: si no hay cambios reales, el conflicto puede volver. Y la próxima vez, quizá no haya marcha atrás tan rápida.

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