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Hungría votará contra el acuerdo UE-Mercosur para proteger a sus agricultores

El primer ministro Viktor Orbán ha anunciado el rechazo al pacto de Bruselas que arruinará al sector primario europeo

La oposición interna al acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur continúa intensificándose. Hungría e Irlanda han confirmado oficialmente que votarán en contra del pacto promovido por la Comisión Europea, al considerar que supone una amenaza directa para el sector agrario y los medios de vida de miles de agricultores europeos.

El Ejecutivo del primer ministro Viktor Orbán reiteró esta semana su rechazo frontal al tratado, justo antes de la votación prevista entre los embajadores de los Estados miembros ante la UE. El ministro húngaro de Exteriores y Comercio, Péter Szijjártó, acusó a Bruselas de intentar imponer un acuerdo que permitiría la entrada masiva de productos agrícolas sudamericanos, perjudicando gravemente a los productores locales.

“No queremos sacrificar a nuestros agricultores en nombre de intereses comerciales”, señaló Szijjártó, quien advirtió de que el acuerdo abriría el mercado europeo a importaciones que no cumplen los mismos estándares que se exigen al campo comunitario.

El campo europeo, de nuevo en el centro del conflicto

Según el Gobierno húngaro, el acuerdo UE-Mercosur vuelve a relegar los intereses del sector primario europeo tras más de veinte años de negociaciones. Budapest denuncia que los agricultores están siendo utilizados una vez más como moneda de cambio en la política comercial de la Unión.

Esta postura es compartida por otros países que han mostrado reticencias, como Polonia, Italia o Francia, preocupados por el impacto que el tratado podría tener en la agricultura, la ganadería y la seguridad alimentaria europea.

Irlanda confirma su voto en contra del acuerdo

A la oposición de Hungría se ha sumado de forma oficial Irlanda. El primer ministro irlandés, Micheál Martin, anunció durante un viaje institucional a China que su Gobierno rechazará el acuerdo, pese a reconocer ciertos avances en las negociaciones recientes.

“No tenemos garantías suficientes de que nuestros agricultores no resulten perjudicados”, afirmó Martin. “En estas condiciones, Irlanda votará en contra del acuerdo UE-Mercosur”.

El jefe del Ejecutivo irlandés subrayó que Dublín no puede aceptar una competencia desigual en el mercado europeo, especialmente cuando los productos importados proceden de sistemas productivos con normas menos exigentes en materia medioambiental, bienestar animal, emisiones o seguridad alimentaria.

En la misma línea, el viceprimer ministro Simon Harris recalcó que las concesiones ofrecidas por la Comisión Europea no satisfacen a la ciudadanía irlandesa. “Nuestra posición es clara y no ha cambiado: votaremos en contra”, aseguró.

Bruselas insiste en sacar adelante el tratado

A pesar del creciente rechazo entre varios Estados miembros, la Comisión Europea mantiene su objetivo de lograr el respaldo político necesario para firmar el acuerdo. El comisario europeo de Comercio y Seguridad Económica, Maroš Šefčovič, defendió que Bruselas está trabajando intensamente para obtener la aprobación de los Veintisiete.

Según Šefčovič, el Ejecutivo comunitario ha introducido más salvaguardas que nunca, con controles reforzados y mecanismos de protección para evitar distorsiones en el mercado agrícola europeo. “Hemos escuchado las preocupaciones del sector y estamos ofreciendo soluciones concretas”, afirmó.

Una votación clave para el futuro del acuerdo UE-Mercosur

El texto del tratado quedó cerrado hace más de un año, pero sigue pendiente de ratificación política. Para que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, pueda firmarlo, necesita un mandato previo de los Estados miembros.

Tras un primer intento fallido en diciembre por la oposición de países como Francia e Italia, el acuerdo vuelve a debatirse en una reunión a puerta cerrada de los embajadores de la UE. La aprobación requiere una mayoría cualificada: al menos 15 países que representen el 65% de la población europea.

Mientras tanto, la brecha entre Bruselas y una parte significativa del sector agrario europeo continúa ampliándose, con un acuerdo que sigue generando una fuerte división dentro de la Unión.

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