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Impuestos récord para jóvenes que no llegan a fin de mes: pensiones al alza mientras la vivienda y el paro juvenil ahogan el futuro

El modelo económico español vuelve a mostrar una grieta cada vez más difícil de ocultar. Mientras las pensiones suben un 2,7%, marcando un nuevo récord de gasto público, los jóvenes que sostienen el sistema no llegan a fin de mes, atrapados entre impuestos crecientes, alquileres imposibles y un paro juvenil que sigue siendo estructural. La pregunta ya no se susurra: ¿quién paga realmente la fiesta generacional?

Pensiones blindadas, futuro precario

España ha convertido las pensiones en una línea roja intocable. El Gobierno presume de revalorizarlas conforme al IPC, garantizando el poder adquisitivo de los jubilados. El problema no es la protección de los mayores, sino el desequilibrio.

El sistema funciona así: se asegura el ingreso de quienes ya han salido del mercado laboral mientras se exprime fiscalmente a quienes intentan entrar y mantenerse en él. Una ecuación que no cuadra cuando el número de cotizantes jóvenes se reduce y la población envejece.

Hoy, el gasto en pensiones alcanza máximos históricos y lo hace sin una reforma estructural que distribuya el esfuerzo de forma equitativa entre generaciones.

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Jóvenes asfixiados por impuestos… sin contrapartida

Los menores de 35 años pagan más que nunca:

  • Cotizaciones sociales elevadas desde el primer contrato

  • IRPF creciente incluso con salarios modestos

  • IVA e impuestos indirectos que castigan el consumo básico

Todo ello sin recibir estabilidad, vivienda ni servicios acordes al esfuerzo fiscal. Para muchos jóvenes, el mensaje es demoledor: contribuyen como adultos consolidados, pero viven como si el futuro estuviera permanentemente en pausa.

No hay ahorro. No hay vivienda. No hay horizonte.

La vivienda: el gran muro generacional

Si hay un símbolo del choque generacional es la vivienda. Comprar es una quimera y alquilar consume más del 40% del salario en muchas ciudades. Los jóvenes trabajan para pagar techo, no para construir patrimonio.

Las políticas públicas han fracasado:

  • Oferta insuficiente

  • Intervención que reduce alquiler disponible

  • Impuestos que encarecen la compra

El resultado es una generación bloqueada, dependiente y cada vez más desencantada con un sistema que no le ofrece salida.

Paro juvenil: el problema que nunca se resuelve

Paro juvenil en Europa: España sigue en la parte alta
Menores de 25 años · Porcentaje · Noviembre 2021 (Eurostat)

Europa
España
Eurozona

0%
10%
20%
30%
40%

Grecia
39,1%

España
29,2%

Italia
28%

Suecia
24,6%

Portugal
22,4%

Eslovaquia
19,5%

Francia
17,8%

Finlandia
17,3%

Bulgaria
15,6%

Luxemburgo
15,5%

Eurozona
15,5%
Lectura rápida: España (29,2%) casi duplica la media de la Eurozona (15,5%).

 

España sigue liderando las tasas de paro juvenil en Europa. No es una anomalía coyuntural, es un rasgo estructural. Contratos temporales, salarios bajos y escasa movilidad ascendente definen el inicio de la vida laboral.

Mientras tanto, el discurso político insiste en cargar más costes al empleo y al trabajador joven, dificultando aún más su integración estable en el mercado.

¿Solidaridad o desequilibrio generacional?

La solidaridad intergeneracional funciona cuando hay reciprocidad. Hoy, muchos jóvenes sienten que solo se les exige, pero no se les protege.

No cuestionan que los mayores cobren su pensión. Cuestionan que:

  • El esfuerzo recaiga siempre en los mismos

  • No exista un plan para equilibrar cargas

  • Se ignore sistemáticamente su precariedad

La brecha no es ideológica, es vital.

El silencio político sobre quién paga

Subir pensiones es popular. Reformar el sistema y explicar quién lo financia no lo es. Por eso el debate se evita. Pero la realidad es tozuda: si no se reparte el coste, el sistema se tensará hasta romperse.

Cada subida sin reforma es una factura aplazada que alguien tendrá que pagar. Y ese alguien, hoy, tiene menos de 35 años.

Una generación que empieza a desconectarse

Cuando trabajar no garantiza vivir mejor, cuando pagar impuestos no garantiza futuro y cuando la política solo ofrece sacrificios, la desafección crece. No es apatía: es cansancio.

El riesgo no es solo económico. Es social y político. Un país que sacrifica a una generación para sostener otra compromete su propio relevo.

La pregunta sigue en el aire, cada vez más incómoda y más urgente: ¿hasta cuándo pueden pagar los jóvenes una fiesta a la que nunca fueron invitados?

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