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Irán se desangra: “Esto se ha convertido en una carnicería”

Voces internas desde el interior del régimen sitiado denuncian detenciones arbitrarias, violencia brutal, disparos y ejecuciones sumarias

Tras más de diez días de aislamiento casi total, con internet bloqueado y las comunicaciones severamente restringidas, comienzan a filtrarse testimonios desgarradores desde el corazón de Irán. Lo que muchos describen como las mayores protestas contra el régimen de los ayatolás en décadas se ha transformado, según fuentes internas contactadas por ABC, en una auténtica carnicería.

Una psicoterapeuta de 39 años, en una breve llamada telefónica de apenas tres segundos que logró sortear la censura, resumió el horror con crudeza: “Esto se ha convertido en una carnicería”.

La represión desatada por las fuerzas de seguridad ha alcanzado todos los rincones del país, desde las grandes ciudades hasta regiones periféricas habitadas por minorías étnicas como kurdos y baluchis, donde la violencia ha sido especialmente brutal.

El régimen ha respondido a las manifestaciones masivas, desencadenadas por años de crisis económica, corrupción y restricciones sociales… Y lo ha hecho con una oleada de detenciones arbitrarias, disparos a manifestantes y, en los casos más extremos, ejecuciones sumarias.

Condenas a muerte

En los últimos días se han confirmado las primeras condenas a muerte por participar en las protestas, generando una ola de indignación internacional que llegó incluso a influir en la geopolítica.

No obstante, el presidente estadounidense Donald Trump pospuso un posible ataque militar tras el aplazamiento iraní de algunas ejecuciones anunciadas, según informaciones paralelas publicadas por este diario.

Testimonios que empiezan a salir a la luz hablan de calles convertidas en campos de batalla, con fuerzas del orden disparando indiscriminadamente contra multitudes desarmadas.

Y la represión en Irán no discrimina: jóvenes, mujeres, estudiantes y trabajadores se encuentran entre las víctimas. Organizaciones de derechos humanos alertan de cientos y posiblemente miles de muertos y desaparecidos, aunque la opacidad impuesta por el Gobierno islamista de Irán impide aún conocer cifras exactas.

Ira popular

“En tres segundos no se pueden decir muchas cosas”, lamentaba a ABC la fuente citada, consciente del riesgo que supone cualquier contacto con el exterior. Aun así, las voces que logran romper el silencio coinciden en una imagen: un país al borde del colapso, donde la ira popular choca contra una maquinaria represiva dispuesta a todo para mantenerse en el poder.

Mientras el mundo observa con alarma, Irán vive horas decisivas. Las protestas no amainan y la comunidad internacional, con Estados Unidos y la Unión Europea al frente, evalúa nuevas sanciones contra los “arquitectos de la represión”. Pero dentro del país, el precio humano ya es incalculable. La carnicería, como la llaman quienes la padecen, continúa.

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