La economía genera menos valor añadido por trabajador en comparación con la mayoría de las naciones comparables
La economía española enfrenta un cierre de año preocupante en términos de productividad. Se sitúa de manera persistente entre las más bajas de la Unión Europea (UE), según datos recientes de Eurostat analizados por expertos.
Entre 2019 y 2024, España ha mantenido una productividad media de alrededor de 58.000 euros por trabajador, una cifra notablemente inferior al promedio europeo, lo que refleja un problema estructural profundo.
El Instituto de Estudios Económicos (IEE), dirigido por Gregorio Izquierdo Llanes, destaca que esta brecha se debe a que la economía genera menos valor añadido por trabajador en comparación con la mayoría de las naciones comparables.
En los últimos siete años (2019-2025), la productividad por hora trabajada ha avanzado apenas un 1,9%, mientras que las horas trabajadas por ocupado se han mantenido estables tras los ajustes post-pandemia de 2020. Este estancamiento limita la competitividad y frena mejoras en la situación socioeconómica del país.
El crecimiento del PIB español se ha basado principalmente en un aumento extensivo del empleo, incorporando población a puestos de baja productividad, en lugar de un modelo intensivo que impulse la innovación y la cualificación.
No hay valor añadido
Economistas como Santiago Sánchez López señalan que «el PIB agregado crece, pero no se traduce en una mejora proporcional del nivel de vida, ya que se suma actividad sin elevar el valor añadido por ocupado«. Esto resulta en un PIB per cápita que avanza lentamente, con una convergencia lenta hacia la media europea y un deterioro relativo desde 2018.
España es incapaz de acortar la brecha de la productividad con la UE
José María Rotellar, profesor y director del Observatorio Económico de la Universidad Francisco de Vitoria, califica en El Economista este patrón como «insano», basado en gasto público y acumulación de población, que sustituye actividades de alto valor por otras de menor cualificación.
«El crecimiento a corto plazo es un espejismo que daña la estructura económica a medio y largo plazo», advierte Rotellar, al tiempo que resalta cómo esto expulsa inversiones y perpetúa la brecha.
Empleo precario
Otros expertos, como Javier Santacruz, comparan la situación actual con la de 2007-2008: el PIB nominal sube impulsado por la inflación, pero las economías domésticas no lo perciben debido al empleo precario, impuestos elevados y rentas reales estancadas.
Lorenzo Bernaldo de Quirós va más allá, afirmando que «la economía cierra 2025 sobre arenas movedizas, insostenible e incapaz de elevar el PIB potencial y el nivel de vida«. El modelo muestra rendimientos decrecientes, con España perdiendo posiciones en PIB per cápita pese a revisiones metodológicas del INE.
En conclusión, los analistas coinciden en la necesidad de un cambio hacia un crecimiento basado en productividad, innovación y cualificación laboral para cerrar la brecha con la UE y asegurar un desarrollo sostenible. Sin reformas estructurales, el futuro económico español podría seguir estancado, afectando salarios, competitividad y bienestar general.












