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La Guardia Civil recoge muestras de ADN de los familiares en el momento más terrible de la tragedia de Adamuz

Es el paso que nadie quiere dar, la confirmación de que la esperanza se desvanece. En la Comandancia de la Guardia Civil de Córdoba y en otros cuatro puntos de España, se vive el capítulo más doloroso de la catástrofe ferroviaria de Adamuz. Agentes especializados han comenzado la recogida de muestras de ADN de los familiares directos de los desaparecidos, un trámite forense imprescindible para poner nombre y apellidos a los cuerpos recuperados de entre los amasijos de hierro. L el ambiente es de absoluta desolación, marcado por el silencio y el miedo al «peor desenlace».

Tal y como informa el Diario de Córdoba, los trabajos de identificación comenzaron la misma noche del domingo, con la llegada intermitente de allegados rotos por el dolor. «No sabemos nada, este es el peor momento», confesaba una joven familiar a las puertas de la comandancia, ocultando su rostro de las cámaras. Esa frase resume la agonía de cientos de personas que, horas después del accidente, siguen sin noticias de sus padres, hermanos o hijos, atrapados en un limbo burocrático mientras se confirma la tragedia.

Un proceso rápido para una espera eterna

La Guardia Civil ha desplegado un protocolo de emergencia para agilizar al máximo este trago amargo. Son los propios agentes quienes realizan la toma de muestras mediante un frotis bucal, sin necesidad de personal sanitario externo, para acelerar el cotejo con los restos hallados en la zona cero. Se han habilitado puntos de recogida también en Madrid, Sevilla, Huelva y Málaga, tratando de facilitar las cosas a unas familias que están viviendo una pesadilla real.

Los familiares llegan con cuentagotas, muchos cubriéndose la cara, evitando a la prensa, sumidos en un shock profundo. Se les pide objetos personales, fotografías recientes, detalles sobre tatuajes o cicatrices… cualquier dato que ayude a los expertos en identificación a cerrar el expediente de una vida. Es la cara más cruda de una gestión post-accidente que, aunque necesaria, ahonda en la herida de quienes ya intuyen que no volverán a ver a sus seres queridos.

Incertidumbre y dolor en las puertas de la Comandancia

Más allá de la técnica forense, lo que se respira en la Avenida de Medina Azahara es la desesperación humana ante la pérdida repentina y violenta. Mientras se recogen las muestras, las historias de vidas truncadas se acumulan: turistas, trabajadores, familias enteras cuya existencia cambió en un segundo. La identificación de las víctimas es prioritaria para que puedan descansar en paz y para que sus familias puedan iniciar el duelo, pero el proceso es un recordatorio brutal de que en Adamuz no solo descarrilaron trenes, sino decenas de proyectos de vida.

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