El motor de la economía española se gripa ante la pasividad de un Gobierno más preocupado por la ideología que por la realidad productiva. La industria española no levanta cabeza y, según los últimos datos oficiales, ha enlazado ya tres trimestres consecutivos de caída en sus ventas y producción. Durante el pasado verano, los ingresos de las empresas industriales se desplomaron un 5,5% interanual, una cifra que certifica el proceso de desindustrialización acelerada que sufre nuestro país bajo el mandato de Pedro Sánchez y su ministro de Industria, Jordi Hereu.
Esta situación no es una anécdota coyuntural. Es el síntoma de una enfermedad profunda provocada por los altos costes energéticos, la asfixia regulatoria y el fanatismo climático que obliga a nuestras fábricas a competir con las manos atadas a la espalda frente al resto del mundo. Mientras VOX Murcia ya advertía del cierre de Sabic en Cartagena asestando un golpe mortal al empleo local, el Ejecutivo sigue mirando hacia otro lado, prometiendo fondos europeos que no llegan o que se pierden en una maraña burocrática ineficiente.
Tres trimestres en rojo: Una tendencia peligrosa
La caída de la facturación industrial es especialmente preocupante porque arrastra consigo el empleo de alta calidad y la inversión en I+D. La industria es el sector que tradicionalmente ha tirado de la economía española en momentos de crisis, pero ahora es el propio sector el que clama por auxilio. Según revela The Objective, el retroceso no solo afecta a la producción, sino también a los pedidos, lo que augura un invierno negro para muchas factorías que ya operan al límite de su rentabilidad.
La sangría es generalizada, pero golpea con especial dureza a sectores electrointensivos que ven cómo su factura de la luz es incontrolable mientras el Gobierno se empeña en cerrar centrales nucleares sin tener una alternativa real y barata. Este empecinamiento ideológico está expulsando a la industria española del mercado global. Ya no se trata solo de producir menos, sino de que lo poco que se produce es más caro y menos competitivo.
El fracaso de la política industrial de Jordi Hereu
El ministro Hereu ha heredado un departamento que parece un ministerio de «liquidación». A pesar de los bombos y platillos con los que se anuncian los PERTE, la realidad es que el dinero solo fluye hacia proyectos muy concretos y a menudo vinculados a la agenda «verde», dejando fuera a la industria tradicional que es la que sostiene miles de familias. La falta de un plan estratégico real es evidente: no hay una apuesta firme por la soberanía industrial.
Mientras en Estados Unidos se protegen sus factorías y en Alemania se subvencionan los costes energéticos industriales para evitar cierres, en España el Gobierno se dedica a poner trabas. El resultado es que grandes empresas como Repsol miran hacia el exterior para asegurar su producción, hartas de un marco fiscal hostil y una inseguridad jurídica permanente.
Cierres y despidos en el horizonte
La patronal industrial ha dado la voz de alarma en repetidas ocasiones. Si las ventas caen durante nueve meses consecutivos, la capacidad de resistencia de las PYMES industriales desaparece. No hay tesorería que aguante un desplome del 5,5% sostenido en el tiempo cuando los costes fijos no paran de subir por la inflación y las subidas del Salario Mínimo Interprofesional impuestas sin diálogo.
El impacto social será nefasto. Por cada empleo industrial que se pierde hay un efecto multiplicador en los servicios y la logística que el Gobierno parece ignorar. Estamos asistiendo a la destrucción de la clase media trabajadora de ciudades enteras que vivían alrededor de sus polígonos industriales. Sin industria, España se condena a ser un país de servicios, camareros y subvenciones, perdiendo la soberanía económica necesaria para afrontar el futuro.
En definitiva, la industria española está agonizando bajo un Gobierno que prefiere subvencionar la inactividad que proteger el trabajo productivo. Si no hay un cambio de rumbo radical que pase por reducir impuestos, abaratar la energía y eliminar burocracia, el próximo recorte no será del 5,5%, sino definitivo para muchas empresas históricas de nuestra nación.












