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La presión fiscal en España alcanza el 37,9% del PIB y asfixia a la clase media

El gobierno de Pedro Sánchez sigue arruinando a los españoles

Aunque España muestra indicadores macroeconómicos positivos, como el crecimiento del PIB y el aumento de la afiliación laboral, detrás de estos números se esconden desequilibrios que afectan directamente a las familias, especialmente a la clase media. La presión fiscal sigue en aumento, el poder adquisitivo apenas mejora y la riqueza patrimonial de los menores de 65 años registra un retroceso notable.

A pesar de la fuerte recaudación, la riqueza de los hogares no refleja mejoras. La riqueza bruta ha disminuido en todos los grupos de edad menores de 65 años. Un ejemplo relevante es el retroceso de la propiedad de vivienda entre jóvenes y adultos en plena etapa de consolidación familiar: entre 2018 y 2024, el porcentaje de hogares con persona de referencia de 30 a 44 años propietaria de su vivienda cayó del 60,7% al 52,9%. Esta pérdida de patrimonio limita la estabilidad económica y condiciona decisiones como formar una familia o tener hijos.

El mercado laboral tampoco compensa estas dificultades. Actualmente, el 80% de los trabajadores a tiempo completo cobra menos de 30.000 euros anuales. Aunque el empleo crece, una parte significativa se concentra en puestos de baja remuneración o menor cualificación. Este aumento de la ocupación sostiene la economía agregada, pero no garantiza un bienestar individual real.

El acceso a la vivienda refleja aún más la presión sobre las rentas medias. España es el quinto país europeo con la edad media de emancipación más alta, situada en 30 años, casi cuatro por encima de la media europea. Además, el esfuerzo económico requerido para pagar el primer año de hipoteca se ha duplicado: antes de 2018 las familias destinaban el 16,8% de sus ingresos; en el tercer trimestre de 2025, el porcentaje alcanzó el 34,8%.

A esto se suma un problema de productividad. El PIB por ocupado es actualmente un 0,8% inferior al de 2018, lo que evidencia que el crecimiento económico se ha apoyado más en el aumento del número de trabajadores que en mejoras de eficiencia o valor añadido. En consecuencia, aunque la economía española muestra cifras globales alentadoras, la clase media enfrenta más impuestos, menor capacidad de ahorro y mayores dificultades para consolidar patrimonio. La brecha entre los indicadores macroeconómicos y la realidad cotidiana de los hogares continúa ampliándose.

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