“Nuestro programa Al-Ghaith busca únicamente paliar la sequía estructural en zonas específicas del territorio nacional”
Las autoridades de Marruecos han rechazado categóricamente las especulaciones que vinculan su programa de modificación artificial del tiempo, conocido como Al-Ghaith, con las intensas lluvias y las graves inundaciones provocadas por la borrasca Leonardo en los últimos días.
El temporal ha dejado un rastro de destrucción a ambos lados del Estrecho: en el sur de España, provincias como Cádiz (con más de 600 l/m² en Grazalema), Sevilla, Málaga, Granada y puntos de Cáceres acumulan récords de precipitación, con cientos de carreteras cortadas, miles de desalojos (más de 3.500 en Andalucía), desbordamientos de ríos y al menos una persona desaparecida en Málaga.
En el norte de Marruecos, las cifras son aún más alarmantes: más de 100.000-140.000 personas evacuadas (especialmente en Larache, Alcazarquivir/Ksar el-Kebir y zonas ribereñas del río Loukkos), al menos cuatro fallecidos confirmados, colapso de infraestructuras y la presa de Oued El Makhazine superando el 140-146% de capacidad, lo que ha obligado a sueltas controladas para evitar un desastre mayor.
Operaciones de siembra de nubes
Ante las crecientes teorías en redes y algunos medios que apuntan a que las operaciones de siembra de nubes marroquíes —intensificadas desde 2021-2023 y con decenas de misiones anuales (70 en 2024)— podrían haber «sobrecargado» las nubes y desviado o amplificado el episodio hacia España, un portavoz del Ministerio de Equipamiento y Agua de Marruecos ha declarado lo siguiente.
Yoduro de plata y cloruro de sodio en nuestros cielos
“Nuestro programa Al-Ghaith busca únicamente paliar la sequía estructural en zonas específicas del territorio nacional, con incrementos modestos de precipitación (hasta un 15-20% en el mejor escenario) y solo bajo condiciones meteorológicas muy precisas. No tiene capacidad ni intención de generar fenómenos extremos transfronterizos como los que estamos viviendo. Las inundaciones actuales responden a un patrón climático natural agravado por el cambio climático global, no a intervenciones humanas puntuales”.
La técnica empleada para la siembra de nubes, totalmente confirmada, no son bulos ni conspiraciones, consiste en dispersar yoduro de plata (AgI) —y en menor medida cloruro de sodio u otras sustancias higroscópicas— desde avionetas especializadas equipadas con quemadores o flares.
Efectos impredecibles
Estas partículas actúan como núcleos de condensación o congelación en nubes con potencial de lluvia, estimulando la formación de gotas o cristales que precipitan. Marruecos defiende que las operaciones son limitadas, costosas y selectivas, y que no alteran patrones a gran escala ni provocan tormentas catastróficas.
Expertos meteorológicos señalan que la eficacia de la siembra de nubes es reducida y localizada, y que fenómenos como la borrasca Leonardo obedecen a dinámicas sinópticas de gran escala (borrasca profunda, chorro polar, inestabilidad atlántica), no a intervenciones locales.
Sin embargo, la ONU y algunos analistas han advertido en el pasado sobre posibles efectos impredecibles y transfronterizos de la geoingeniería climática, lo que ha avivado el debate.











