La avalancha migratoria sigue disparada en nuestras costas
Las Islas Canarias volvieron a enfrentar este domingo una situación de máxima presión migratoria tras la llegada de 303 personas en tres embarcaciones precarias en menos de un día, según informó el 112 Canarias. El archipiélago continúa en un escenario de saturación humanitaria y policial sin que, por ahora, se hayan reforzado los recursos necesarios para gestionar esta nueva oleada migratoria, la más intensa desde la registrada en 2006.
Primer cayuco localizado al sur de El Hierro
La primera embarcación fue detectada por el avión de Salvamento Marítimo Sasemar 103, que avistó un cayuco con 70 personas a unas 30 millas al sur de El Hierro.
Las salvamares Navia y Diphda acudieron al punto para efectuar el rescate y trasladar a los ocupantes hasta el puerto de La Restinga.
Durante esta intervención, la embarcación Navia encontró además a dos migrantes más, que habían abandonado el cayuco y flotaban sobre bidones improvisados.
Segundo cayuco con 170 personas
Poco después, en aguas cercanas también a El Hierro, se halló un segundo cayuco con 170 migrantes, que fueron desembarcados en La Restinga en aparente buen estado de salud.
Esta llegada masiva vuelve a evidenciar la falta de capacidad de los servicios sanitarios y de acogida de la isla, completamente desbordados por el aumento de entradas irregulares.
Tercera embarcación cerca de Fuerteventura
La tercera embarcación, una patera neumática detectada cerca de Fuerteventura, transportaba a 61 personas. Todas fueron trasladadas al puerto de Puerto del Rosario, donde los equipos de emergencia prestaron asistencia médica.
Tres mujeres embarazadas tuvieron que ser evacuadas al hospital para una revisión especializada.
Un año récord para la ruta canaria
Con estas nuevas llegadas, Canarias continúa acumulando cifras récord de inmigración irregular en 2025. Mientras tanto, las políticas migratorias estatales siguen centradas en el traslado de migrantes a la península y en gestiones diplomáticas que, según denuncian las autoridades locales, resultan insuficientes para frenar las salidas desde los países de origen.
Los gobiernos insulares insisten en que el archipiélago no puede asumir más presión sin un plan serio de control fronterizo, refuerzo de recursos y una coordinación eficaz entre administraciones.












