La violencia islamista sigue masacrando a los cristianos en África
Una nueva ola de violencia extremista ha sacudido el noroeste del Estado de Zamfara, Nigeria, luego de un ataque coordinado en el que hombres armados asesinaron al menos a 50 civiles y secuestraron a mujeres y niños, en lo que se perfila como uno de los episodios más sangrientos recientes en la región.
El asalto ocurrió entre la noche del jueves y la madrugada del viernes en la aldea de Tungan Dutse, dentro de la zona de Anka y Bukuyum. Según reportes de testigos y autoridades locales, los atacantes —identificados como bandas armadas y facciones extremistas yihadistas— llegaron en motocicletas, incendiaron viviendas, dispararon contra quienes intentaban escapar y generaron un clima de terror entre la población rural.
Entre las víctimas se encuentran hombres, mujeres y menores, aunque aún no hay un número oficial de personas secuestradas. Varias fuentes indican que docenas de mujeres y niños fueron llevados a zonas boscosas, lo que agrava la crisis humanitaria en la región.
Contexto de violencia en el noroeste de Nigeria
Este ataque es parte de una persistente ola de violencia extremista en Zamfara y el noroeste de Nigeria, donde grupos criminales y yihadistas han intensificado sus ataques contra aldeas y comunidades rurales. La inseguridad desafía constantemente la capacidad de respuesta de las fuerzas de seguridad nigerianas, dejando un patrón de terror, desplazamiento forzado y devastación.
Las autoridades locales emitieron declaraciones condenando el ataque, aunque la intervención en terreno ha sido limitada. Por su parte, la Unión Africana (UA) calificó los hechos como “atroces ataques terroristas” y exigió la liberación inmediata e incondicional de los secuestrados, mostrando su solidaridad con las víctimas nigerianas.
Mahmoud Ali Youssouf, presidente de la Comisión de la UA, enfatizó que estos ataques constituyen graves violaciones a los derechos humanos y representan una amenaza directa para la paz y seguridad del continente africano. También hizo un llamado a una coordinación internacional más efectiva para proteger a las comunidades civiles y prevenir nuevas masacres.
La tragedia en Zamfara se suma a una larga serie de masacres y secuestros en Nigeria, donde la violencia ha evolucionado de conflictos locales a un terrorismo rural indiscriminado, afectando a poblaciones indefensas. Aunque las autoridades suelen atribuir los ataques a “bandits”, se observa que varias facciones armadas han adoptado tácticas de redes terroristas organizadas, incrementando la cifra de víctimas civiles.












