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Alemania ha encontrado una forma radical de hacer sitio a la energía solar sin tocar ni un metro de tierra agrícola

Europa quiere más renovables y las quiere ya. El problema es evidente: no hay espacio suficiente para instalar miles de hectáreas de paneles solares sin entrar en conflicto con campos de cultivo, bosques protegidos o zonas urbanas. Y ahí es donde Alemania ha decidido pensar fuera del mapa. Literalmente.

La solución no está en el suelo, sino sobre el agua. Concretamente, en lagos artificiales creados tras décadas de actividad minera y de extracción de grava. Espacios olvidados que ahora se están convirtiendo en una pieza clave de la transición energética alemana.

El primer gran ejemplo ya está funcionando y parece sacado de una película de ciencia ficción.

Un lago cubierto de paneles que desafía todo lo conocido

En una antigua gravera cercana a Starnberg, en Baviera, Alemania ha inaugurado un parque solar flotante que rompe con casi todos los esquemas habituales. No hay paneles inclinados mirando al sur ni extensiones infinitas ocupando tierra firme. Aquí hay 2.500 paneles solares flotantes colocados en vertical, formando pasillos sobre el agua.

La instalación alcanza una potencia de 1,87 megavatios y aprovecha un espacio que, hasta ahora, no servía para nada más que acumular agua. Un ejemplo perfecto de reutilización industrial con impacto real.

La empresa responsable del proyecto es SINN Power, especializada en soluciones solares flotantes y sistemas híbridos para entornos complejos. Y lo que han montado no es un experimento de laboratorio, sino una planta plenamente operativa.

Por qué estos paneles funcionan justo cuando más se necesitan

La gran innovación no es solo que floten, sino cómo están orientados. Al estar colocados en vertical, los paneles miran al este y al oeste al mismo tiempo. Esto cambia por completo el perfil de generación eléctrica.

Mientras que los parques solares tradicionales concentran su producción al mediodía, este sistema produce su pico al amanecer y al atardecer. Es decir, justo cuando la red eléctrica suele ir más ajustada y la demanda empieza a dispararse.

El resultado práctico es contundente: la propia gravera ha reducido entre un 60% y un 70% la electricidad que necesita comprar a la red. Menos costes, menos emisiones y menos dependencia energética.

Y todo sin competir con la agricultura ni alterar el paisaje rural.

Solo ocupa una pequeña parte del lago y no es casualidad

Uno de los detalles más llamativos es que los paneles no cubren todo el lago. De hecho, apenas ocupan el 4,6% de su superficie total, muy por debajo del 15% máximo permitido por la legislación alemana de recursos hídricos.

Esta decisión no es estética ni burocrática. Dejar amplias zonas de agua libre permite que la luz solar y el oxígeno sigan llegando al ecosistema acuático. Según las primeras observaciones, la fauna local no solo no ha desaparecido, sino que está utilizando las estructuras como refugio y zonas de anidación.

Las grandes “moles” artificiales se han integrado en el entorno de una forma inesperada, algo clave para que este tipo de proyectos no se topen con una fuerte oposición ambiental.

El gran enemigo del viento y cómo lo han resuelto

Colocar paneles en vertical sobre el agua tiene un inconveniente evidente: el viento. Un vendaval fuerte podría convertir la instalación en un desastre flotante.

Aquí entra en juego otra de las claves tecnológicas del proyecto: el sistema patentado Skipp-Float. Bajo cada estructura hay una quilla sumergida de 1,6 metros que actúa como estabilizador. El concepto es muy similar al de un velero: los paneles hacen de velas y la quilla mantiene todo en equilibrio.

Gracias a este diseño, el sistema puede soportar condiciones meteorológicas adversas sin comprometer la seguridad ni la producción.

Queda por ver cómo afectará a largo plazo la exposición constante a la intemperie, la suciedad o los residuos de aves, pero los responsables del proyecto aseguran que el mantenimiento está contemplado desde el inicio.

No es un experimento y Alemania ya piensa en ir más lejos

Este punto es clave: no se trata de una prueba piloto. Es una inauguración en toda regla. La tecnología ya está funcionando y los resultados son lo suficientemente buenos como para plantear una ampliación.

El plan pasa por una segunda fase que duplicaría la potencia instalada en el mismo lago. Y después, un salto mucho más ambicioso: llevar este tipo de paneles flotantes a mar abierto, donde el espacio es prácticamente infinito pero las condiciones son mucho más duras.

No sería un territorio completamente desconocido. En China, la energía solar flotante ya se está desplegando a gran escala en embalses y zonas industriales inundadas, con resultados muy prometedores.

Una solución incómoda pero difícil de ignorar

La transición energética europea tiene un problema estructural de espacio. Y este tipo de proyectos lo ponen sobre la mesa sin rodeos: si no hay suelo disponible, habrá que buscarlo donde nadie miraba.

Lagos artificiales, antiguas minas, graveras abandonadas o incluso zonas marítimas pueden convertirse en la nueva frontera de las renovables. No es una solución perfecta ni exenta de riesgos, pero resuelve varios problemas a la vez: reutiliza espacios degradados, reduce conflictos sociales y produce energía cuando más falta hace.

Alemania ha movido ficha. Y ha dejado claro que, para cumplir los objetivos climáticos, las ideas “locas” quizá sean las únicas que todavía funcionan.

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