Condena el ataque de EEUU e Israel mientras la UE guarda un cobarde silencio: rechaza la acción militar y exige una “desescalada”
En un mundo donde la firmeza contra el terrorismo y las dictaduras debería ser la norma, Pedro Sánchez se ha convertido en uno de los pocos líderes europeos que ha osado condenar el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán.
Esta postura, que lo alinea peligrosamente con la extrema izquierda y sus simpatías por regímenes autoritarios, resalta una vez más la desconexión del presidente del Gobierno español con los intereses de Occidente.
Mientras la Unión Europea se limita a expresiones vagas de «preocupación» sin atreverse a criticar la ofensiva, Sánchez ha preferido ponerse del lado de Teherán, ignorando las amenazas reales que representa el régimen iraní para la estabilidad global.
En un mensaje publicado en redes sociales, Sánchez rechazó la «acción militar unilateral» de EEUU e Israel, exigiendo una «desescalada inmediata» y el «pleno respeto del derecho internacional».
Sánchez aboga por el diálogo con Irán
Aunque mencionó de pasada su rechazo al «régimen iraní y a la Guardia Revolucionaria», sus palabras suenan huecas en un contexto donde Irán ha sido el principal instigador de conflictos en Oriente Medio, financiando grupos terroristas como Hamás y Hezbolá. «No podemos permitirnos otra guerra prolongada y devastadora», afirmó, abogando por el «diálogo» con un régimen que ha demostrado una y otra vez su desprecio por las negociaciones pacíficas.
Esta condena selectiva no hace más que exponer su debilidad ante los enemigos de la democracia, priorizando el apaciguamiento sobre la defensa de aliados como Israel y Estados Unidos.
Lo más llamativo es el aislamiento de Sánchez en esta materia. Ni siquiera la Unión Europea, bajo el liderazgo de Ursula von der Leyen y António Costa, ha emitido una condena explícita al ataque.
En un comunicado conjunto, se limitaron a expresar «preocupación» por los «acontecimientos muy preocupantes» en Irán, instando a evitar acciones que «agraven las tensiones» y reafirmando su compromiso con la «estabilidad regional».
Lenguaje tibio
Un lenguaje diplomático tibio que evita confrontar la realidad: el ataque era una respuesta necesaria ante las provocaciones nucleares y misilísticas de Irán. Líderes conservadores en Europa, como los de Polonia o Hungría, han guardado silencio o incluso respaldado implícitamente la operación, reconociendo que la seguridad colectiva exige mano dura contra amenazas existenciales.
Esta alineación de Sánchez con posturas radicales no es nueva. Su gobierno, sostenido por alianzas con la extrema izquierda como Podemos y Sumar, ha mostrado repetidamente simpatías por causas antioccidentales, desde el apoyo a Palestina hasta críticas veladas a la OTAN.
En un momento en que Europa necesita unidad frente a potencias hostiles como Rusia, China e Irán, el presidente español opta por el aislacionismo progresista, debilitando la posición de España en el concierto internacional. Fuentes cercanas al PP y VOX han calificado esta declaración como «un regalo a los ayatolás«, argumentando que fomenta la impunidad de regímenes opresores.
A todo esto, se suma el lamentable estado físico de Sánchez, que ha acrecentado los rumores sobre su salud. En sus apariciones recientes, el presidente aparece visiblemente demacrado, con ojeras profundas y una delgadez alarmante que sugiere un deterioro preocupante.
Estado mental y físico de Pedro Sánchez
Estos signos, que no pasan desapercibidos en las redes y en los círculos políticos, alimentan especulaciones sobre su estado mental y físico, posiblemente agravado por el estrés de un mandato plagado de escándalos y divisiones internas. La pregunta es evidente: ¿Está Sánchez en condiciones de liderar España en tiempos de crisis global? Cada vez más voces conservadoras exigen transparencia, recordando que un líder debilitado es un riesgo para la nación.
Mientras el Ministerio de Exteriores español insta a los ciudadanos en Irán a abandonar el país, elevando las alertas de viaje al máximo, la postura de Sánchez parece más un acto de postureo ideológico que una estrategia coherente.
En definitiva, esta condena solitaria no solo aísla a España, sino que cuestiona si nuestro gobierno prioriza la seguridad nacional o las agendas de la izquierda radical.












