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«Muerte a Jameneí» Las protestas en Irán se desbordan mientras el régimen impone un apagón digital total

Irán atraviesa uno de los momentos más convulsos de su historia reciente. Las protestas en Irán han estallado con una fuerza inesperada y se extienden ya por 111 ciudades del país. El régimen ha respondido con una represión feroz y un apagón total de internet, dejando a millones de personas incomunicadas.
El saldo: más de 40 muertos, miles de detenidos y un mensaje que resuena en todo el país: “Muerte a Jameneí”.

El grito que rompe el miedo

Por primera vez en décadas, los iraníes gritan abiertamente contra su líder supremo, Ali Jameneí. Las consignas no hablan ya de reformas económicas, sino de un cambio de régimen:
“Muerte a la República Islámica”, “Esta es la última batalla”, “Pahlaví volverá”.

Las manifestaciones comenzaron en Teherán, pero rápidamente se propagaron a Mashhad, Isfahán, Shiraz o Bushehr. En todas, el denominador común es la valentía de un pueblo que ha perdido el miedo.

El apagón digital más duro en años

La plataforma NetBlocks, que monitorea el tráfico en la red, confirmó un colapso casi total de la conectividad en Irán. Las autoridades bloquearon VPN, WhatsApp y Telegram, impidiendo que los ciudadanos pudieran organizarse o difundir lo que ocurría.

Periodistas de medios internacionales relataron que era imposible acceder a webs externas.
Un corte de comunicación calculado para aislar las protestas y controlar la narrativa.

“No fue un fallo técnico. Fue un acto deliberado de censura masiva”, denunció un experto iraní en derechos digitales.

Más de 40 muertos y 2.200 detenidos

Según la Human Rights Activists News Agency (HRANA), al menos 34 manifestantes y 4 agentes han perdido la vida, aunque la ONG Iran Human Rights, con sede en Oslo, eleva la cifra a 45 muertos, incluidos ocho menores.

Más de 2.200 personas han sido arrestadas desde el inicio del movimiento.

Las imágenes difundidas muestran enfrentamientos, incendios en edificios oficiales y barricadas improvisadas. Lo que comenzó como una protesta por el deterioro económico se ha transformado en una rebelión política sin precedentes.

Las protestas se trasladan a los hogares

Ante la presencia masiva de la policía en las calles, los iraníes han encontrado otra forma de resistir.
Cada noche, miles de personas gritan desde balcones y ventanas las consignas prohibidas por el régimen.

Testimonios recogidos por The New York Times describen una escena conmovedora: familias enteras unidas por un mismo grito de libertad que atraviesa las paredes y las sombras.

Una economía al borde del colapso

El trasfondo del estallido es una crisis económica devastadora. La inflación supera el 42 %, el rial se hunde y las sanciones internacionales asfixian la vida cotidiana.
Comercios cerrados, huelgas y bazares vacíos son el reflejo de un país al límite.

Cada día, más sectores se suman a las protestas: comerciantes, jóvenes, mujeres y jubilados. El descontento ha superado las líneas ideológicas y religiosas.

El “eje de la resistencia” se tambalea

Analistas internacionales advierten de que la revuelta en Irán puede tener efectos geopolíticos profundos.

El régimen, pieza clave del llamado “eje de la resistencia” junto a Siria, Líbano o Venezuela, ve cómo su legitimidad interna se desmorona.

El eco de la caída de regímenes aliados, como el chavismo en Venezuela o el aislamiento de Cuba, sirve de advertencia.

En ese sentido, el análisis de la financiación de Podemos con dinero de las dictaduras de Venezuela e Irán cobra un nuevo significado en este contexto.

“No podrán silenciar al pueblo”

Desde prisión, la premio Nobel de la Paz Narges Mohammadi ha enviado un mensaje de esperanza:

“Podrán encerrarnos, pero no podrán silenciar al pueblo”.

En el exilio, opositores iraníes llaman a mantener la presión internacional. El apagón digital no ha apagado la revuelta. Al contrario: ha encendido una llama que el régimen ya no puede controlar.

Irán vive horas decisivas

La represión se intensifica, pero también la resistencia. El miedo, esa herramienta que sostuvo al régimen durante décadas, ha cambiado de bando.
Y ahora, el grito que resuena en la noche persa es más fuerte que nunca: “Muerte a Jameneí”.

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