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El socialismo catalán asume el discurso de Vox sobre inmigración para no perder el cinturón rojo de Barcelona

El panorama político en el área metropolitana de Barcelona, tradicional feudo socialista, está experimentando un viraje sorprendente. Diversas fuentes y análisis políticos apuntan a que el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) está endureciendo notablemente su retórica en materia de seguridad e inmigración, llegando a asumir postulados que hasta hace poco eran exclusivos de formaciones como Vox. Este cambio de estrategia responde, según los expertos, a la necesidad de frenar la sangría de votos en los barrios obreros, donde el mensaje de «ley y orden» de la derecha populista está calando con fuerza.

El ejemplo más claro de esta deriva se ha materializado en las recientes declaraciones de Gemma Badia, alcaldesa socialista de Gavà. Sus palabras, exigiendo que «los delincuentes vayan a la cárcel y, si vienen de fuera, que vuelvan a su casa», han resonado con fuerza en el tablero político catalán. Esta frase, que podría haber sido pronunciada en un mitin de Santiago Abascal, marca un antes y un después en el discurso oficial del PSC, que históricamente ha mantenido posiciones más integradoras y cautas respecto a la vinculación entre inmigración y delincuencia.

Vox reacciona riéndose de la copia descarada

Desde las filas de Vox no han tardado en reaccionar, atribuyéndose el mérito de este cambio de guion. Para la formación de derechas, el PSC no hace más que «copiar» su discurso ante la evidencia de que están perdiendo el pulso de la calle. Consideran que los socialistas han detectado tarde el hartazgo de los vecinos ante la inseguridad creciente y ahora intentan, a la desesperada, mimetizarse con las propuestas de Vox para competir por el mismo electorado en el cinturón rojo (ahora cada vez más rojigualda).

«Saben que en los barrios trabajadores la gente está cansada de la inseguridad y la impunidad, y como ven que Vox es el único que habla claro, ahora intentan imitarnos», señalan fuentes del partido. Esta estrategia del PSC se interpreta como una reacción de supervivencia ante unas encuestas internas que podrían estar indicando un trasvase de votos preocupante hacia opciones más duras en materia de seguridad ciudadana.

Un giro estratégico arriesgado y populista

Este endurecimiento del discurso no está exento de riesgos para los socialistas. Por un lado, buscan reconectar con un votante tradicional de clase trabajadora que se siente desprotegido ante fenómenos como la multirreincidencia o la ocupación. Sin embargo, por otro, corren el peligro de legitimar los marcos mentales de la extrema derecha y alienar a su electorado más progresista, que ve con preocupación cómo el partido asume tesis que rozan la xenofobia institucional.

El movimiento del PSC en el área metropolitana no es un hecho aislado, sino que se enmarca en un contexto europeo donde la socialdemocracia está endureciendo sus posturas migratorias (como se ha visto en Alemania o Dinamarca) para intentar contener el auge de la derecha radical. Queda por ver si esta estrategia de «copia» servirá para recuperar el terreno perdido o si, por el contrario, acabará beneficiando al «original».

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