El caso del psiquiatra de Fez condenado a 20 años por drogar y agredir sexualmente a sus pacientes ha sacudido a Marruecos por la crudeza del relato judicial y por el miedo que todavía frena a muchas víctimas a la hora de denunciar. El tribunal cerró el proceso la noche del lunes, tras escuchar a varias mujeres que acudieron a consulta buscando tratamiento y acabaron, según la sentencia, sometidas mediante estupefacientes.
La chispa fue un móvil y un viaje que no ocurrió
Todo empezó como un conflicto doméstico. La esposa del médico, según el sumario, revisó el teléfono del acusado tras un viaje y halló vídeos de encuentros sexuales grabados en el domicilio conyugal. Esa denuncia inicial por adulterio destapó una investigación mucho más grande, con un patrón de abuso que, de acuerdo con el fallo, implicaba a pacientes captadas desde la propia consulta.
El psiquiatra, identificado como S. I. en la cobertura judicial, reconoció que los vídeos eran suyos, pero negó haber anulado la voluntad de las mujeres y sostuvo que todo fue consentido. La sentencia, sin embargo, se apoya en testimonios y elementos de la investigación que sostienen lo contrario.
Qué se juzgó realmente una red de abuso alrededor de una consulta
La acusación describió un sistema que combinaba drogas, manipulación y abuso de una relación de poder médico-paciente. Varias víctimas relataron episodios ocurridos en distintos escenarios: la consulta, el domicilio del psiquiatra, su coche y un riad de la medina histórica. En ese entorno, según la investigación, se habrían organizado encuentros sexuales con presencia de terceros.
El tribunal no solo condenó al psiquiatra. Otras personas fueron sentenciadas por su implicación, incluido un fotógrafo que grabó escenas, y colaboradores señalados por facilitar logística o drogas. Además, se fijaron indemnizaciones para las víctimas por decenas de miles de euros.
Sortilegios y terapia la parte que más conmociona
Uno de los puntos que más ha impactado en la opinión pública fue la descripción de supuestas “terapias” con elementos esotéricos. Una paciente sostuvo que se vio forzada a participar en rituales que el médico presentaba como tratamiento, en un contexto donde ella decía sentir miedo y dependencia.
Ese componente, más allá de lo llamativo, encaja con un patrón conocido en abusos: el agresor fabrica un “marco” que confunde, aísla y reduce la capacidad de reacción de la víctima, especialmente cuando existe autoridad profesional de por medio.
El elefante en la sala denunciar puede volverse contra ti
Aquí aparece el factor Marruecos. En un país con legislación que penaliza las relaciones sexuales fuera del matrimonio, muchas mujeres temen que una denuncia acabe volviéndose contra ellas si no pueden probar los hechos de forma clara. El resultado es un círculo perverso: el silencio protege al agresor y castiga a la víctima.
Un dato resume el problema: según un estudio del Alto Comisionado del Plan, apenas una minoría de mujeres que declaran haber sufrido agresiones sexuales presenta una acusación formal.
Por qué este caso marca un antes y un después
Este juicio no es solo una condena. Es una radiografía de tres fallos que se repiten en muchos países, pero que aquí chocan con una sociedad formalmente conservadora:
El poder del “prestigio” profesional como escudo
El uso de sustancias para controlar a la víctima
El miedo social y legal a denunciar
Y por eso el impacto es tan fuerte: porque las víctimas acudieron a un médico a pedir ayuda.
Si te interesa el contexto de Marruecos en otros frentes de actualidad, en La Bandera contamos también cómo operan redes en el país vecino en este reportaje: La red de falsificación de documentos marroquíes que burla los controles de España para entrar ilegalmente en Europa
Lo que pasa ahora y lo que puede pasar después
El psiquiatra ya estaba en prisión preventiva desde junio de 2025, y la sentencia lo deja con una condena muy severa para el estándar habitual que suele debatirse en casos de violencia sexual en el país.
La pregunta que muchos se hacen no es solo si habrá recursos, sino si este caso empuja a más mujeres a hablar o si, por el contrario, el miedo volverá a imponerse cuando se apaguen los focos.












