El modelo económico de Javier Milei se enfrenta a su primera gran prueba ambiental. Y lo hace con fuego. Literalmente. La Patagonia argentina, uno de los mayores patrimonios naturales de Argentina**, vive una de las peores oleadas de incendios forestales de los últimos años justo después de que el Gobierno haya reducido un 70% la inversión destinada a la prevención y extinción de incendios. El resultado es devastador: miles de hectáreas arrasadas, evacuaciones de emergencia y una imagen que resume la situación actual del país: Argentina dependiendo de la ayuda de Chile para apagar sus propios incendios.
El subtítulo del drama es claro: el debate sobre las prioridades del nuevo modelo económico llega cuando el fuego ya está fuera de control.
Un ajuste histórico que también alcanzó a los incendios
Desde su llegada a la Casa Rosada, Milei dejó claro que el ajuste sería profundo y sin excepciones. El objetivo: reducir el déficit fiscal a cualquier coste. En ese recorte generalizado, los programas ambientales y de gestión de emergencias quedaron entre los grandes damnificados.
Los datos oficiales muestran que la partida destinada al Servicio Nacional de Manejo del Fuego fue recortada en torno al 70% respecto al ejercicio anterior. Menos presupuesto significa menos brigadistas, menos aviones hidrantes, menos mantenimiento de equipos y una capacidad de reacción mucho más lenta cuando las llamas aparecen.
Y en la Patagonia, aparecen todos los veranos.
La Patagonia, en llamas
Los focos más graves se concentran en zonas de alto valor ecológico y turístico, con incendios activos durante días sin poder ser contenidos. Las condiciones climáticas —altas temperaturas, sequía prolongada y fuertes vientos— han hecho el resto.
Pero los propios brigadistas lo reconocen: sin medios suficientes, la lucha contra el fuego se convierte en una batalla perdida desde el primer día.
Vecinos de localidades patagónicas denuncian retrasos en la llegada de refuerzos, falta de personal y ausencia de medios aéreos en las primeras horas, que son clave para evitar que un foco pequeño se convierta en un incendio incontrolable.
Argentina pide ayuda a Chile: una imagen que marca época
La situación llegó a tal extremo que el Gobierno argentino se vio obligado a solicitar apoyo internacional a Chile, que envió brigadistas especializados y medios técnicos para colaborar en las tareas de extinción.
La imagen es potente y simbólica: un país históricamente autosuficiente en la gestión de incendios dependiendo ahora de la ayuda exterior por falta de recursos propios.
No se trata de un gesto anecdótico de cooperación regional, sino de una señal clara de que el sistema nacional ha quedado debilitado tras los recortes.
El debate político estalla entre las cenizas
Mientras las llamas avanzaban, el debate político explotó. Para el Ejecutivo, los incendios no pueden usarse como argumento contra el ajuste: el presidente insiste en que el Estado sobredimensionado es el origen de todos los males y que el mercado y las provincias deben asumir más responsabilidades.
Desde la oposición y sectores sociales, la crítica es frontal: recortar en prevención es siempre más caro a medio y largo plazo. Cada hectárea quemada supone pérdidas económicas, daños irreversibles al ecosistema, impacto en el turismo y riesgo directo para vidas humanas.
El incendio ha convertido el ajuste en algo tangible. Ya no es una cifra en un presupuesto: es humo, evacuaciones y bosques calcinados.
Brigadistas al límite y advertencias ignoradas
Los sindicatos y asociaciones de bomberos forestales llevaban meses alertando de que la temporada de incendios llegaría con menos medios que nunca. Denunciaban contratos temporales no renovados, material obsoleto y falta de planificación.
Las advertencias quedaron sepultadas bajo el discurso de la motosierra. Hoy, esos mismos brigadistas trabajan al límite físico y humano, conscientes de que cada jornada sin refuerzos multiplica el daño.
¿Ahorro o coste oculto?
El Gobierno defiende que el recorte es necesario para sanear las cuentas públicas. Pero los expertos ambientales insisten en un punto clave: cada dólar no invertido en prevención se multiplica por diez en daños posteriores.
Restauración de suelos, reconstrucción de infraestructuras, ayudas a damnificados y pérdida de recursos naturales no aparecen en el balance inmediato del ajuste, pero sí en la factura final.
La pregunta ya no es ideológica. Es práctica: ¿realmente sale más barato recortar cuando el país termina pidiendo ayuda externa para apagar incendios?
Un incendio que va más allá del fuego
La Patagonia arde, pero el incendio es también político y social. El caso se ha convertido en un símbolo del choque entre ajuste económico radical y gestión de riesgos reales.
Cuando el humo se disipe, quedará una certeza incómoda: el debate sobre el tamaño del Estado llegó tarde para los bosques que ya no existen.












