España tiene 130 GW de energías renovables esperando enchufe. Proyectos listos, inversión preparada y empresas dispuestas a producir. Pero la red eléctrica responde con un mensaje demoledor: “no hay capacidad”.
La paradoja es brutal. El país bate récords de generación verde, presume de liderazgo solar y eólico, pero mantiene bloqueada una potencia equivalente a casi toda la capacidad instalada actual. No porque falten cables físicos en muchos casos, sino porque el sistema administrativo funciona como un cuello de botella.
La propia CNMC ha tenido que frenar la publicación de los nuevos mapas de capacidad tras una advertencia de Red Eléctrica: con los criterios actuales, el 90 % de los nudos aparecerían en rojo. Es decir, sin capacidad disponible.
Y eso habría desatado el pánico.
Una red eléctrica “llena” pero infrautilizada

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El mensaje oficial es que la red está saturada. Pero la realidad técnica es más compleja.
Según fuentes del sector, el problema no es que los cables estén al límite físico de capacidad, sino que el sistema de concesión de permisos funciona bajo un modelo binario: o tienes acceso firme garantizado al 100 % o no tienes nada.
No hay términos medios.
Ese modelo provoca que muchos nudos aparezcan como “llenos” aunque en la práctica no estén siendo utilizados al máximo durante todas las horas del año.
El resultado es un atasco administrativo que bloquea 130 GW de renovables.
El embudo burocrático que frena la reindustrialización
El atasco no es solo técnico. Es burocrático.
Construir una subestación puede tardar un año. Tramitarla puede llevar entre tres y seis.
A eso se suma un desajuste territorial evidente:
• Las renovables se instalan donde hay sol y viento
• El consumo crece en grandes áreas metropolitanas
• La red no acompaña con la misma velocidad
Hoy, el 83,4 % de los nudos de distribución están oficialmente saturados.
Las consecuencias ya se notan en la economía real.
En 2025 solo se concedieron el 12 % de las solicitudes de conexión para nuevos desarrollos urbanísticos. La patronal inmobiliaria alerta de que hasta 350.000 viviendas podrían quedar en riesgo por falta de potencia eléctrica disponible.
Y además está la sospecha de la burbuja.
Existen solicitudes de acceso por 67.100 MW, casi la mitad de toda la potencia instalada en España. El regulador teme que haya proyectos “fantasma” que acaparan nudos para revender permisos.
La CNMC propone una revolución silenciosa
Ante este bloqueo, la CNMC ha puesto sobre la mesa un cambio radical: los permisos de acceso flexible.
La idea es sencilla pero disruptiva.
Si la red no puede garantizar suministro 24 horas al día todo el año, se permite acceder bajo condiciones parciales. Es decir, aceptar limitaciones a cambio de poder conectarse.
Se rompe así el modelo del “todo o nada”.
El propio secretario de Estado de Energía ha reconocido que la red actual está infrautilizada y que una red más pequeña soportó en el pasado picos de demanda superiores a los actuales.
Los cuatro nuevos permisos que cambiarán las reglas
La propuesta define cuatro tipos de acceso flexible:
Permiso Tipo 0
Permite consumir energía en franjas horarias fijas que cubran al menos el 62,5 % del año. Fuera de ese horario, el gestor puede desconectar remotamente la instalación.
Permiso Tipo 1
Funciona con normalidad el 90 % del tiempo, pero acepta desconexiones sin preaviso si falla algún elemento de la subestación.
Permiso Tipo 2
Exige tecnología avanzada. La instalación debe recibir órdenes dinámicas para reducir carga en menos de 30 minutos o incluso en menos de 3 minutos en caso de emergencia. Entrará en vigor en 2028.
Permiso Tipo 3
Para grandes demandas conectadas a la red de transporte. Obliga a participar en el Sistema de Reducción Automática de Potencia y reducir a cero de forma inmediata cuando lo ordene el operador.
Es un sistema que prioriza eficiencia frente a garantía absoluta.
Quién gana y quién no puede acogerse
Los grandes beneficiados serán:
• Instalaciones de almacenamiento
• Industrias capaces de modular consumo
• Proyectos flexibles en horarios
Pero hay líneas rojas claras.
No podrán acogerse:
• Hospitales
• Suministros esenciales
• Proyectos urbanísticos colectivos
• Demandas que no soporten 24 horas sin red
Es decir, la flexibilidad será para quien pueda asumir riesgo operativo.
El impacto en tu factura
Modernizar la red para operar de forma más digital y flexible tiene coste.
Las previsiones apuntan a que en 2026 los peajes podrían subir un 4 % y los cargos un 10,5 % para financiar los ajustes necesarios.
La paradoja es evidente:
• Hay energía limpia de sobra
• La red dice estar llena
• Los proyectos esperan
• Y el consumidor pagará más para adaptar el sistema
Un problema estructural que va más allá de la energía
España aspira a atraer industria electrointensiva, centros de datos y fábricas verdes. Pero sin acceso eléctrico garantizado, esa estrategia se tambalea.
El país no tiene un problema de generación. Tiene un problema de gestión y transporte.
La pregunta clave es incómoda:
¿Cómo puede estar llena una red que, según reconocen desde el propio sector, está infrautilizada buena parte del tiempo?
La respuesta está en la regulación.
Si la CNMC logra implantar con éxito los permisos flexibles, España podría desbloquear parte de esos 130 GW atascados y acelerar la reindustrialización.
Si no, el país seguirá acumulando proyectos en un cajón mientras presume de liderazgo renovable.












