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Resaca feminista

Tiempos pasados fueron mejores, sobre todo para el negocio feminista. Hace poco menos de una década era obligatorio, so pena de juicio mayor, declararse feminista, tal y como lo hacía el exministro Ábalos, leyendo de un telepronter sin pestañear “soy feminista, porque soy socialista”. La apisonadora feminista estaba dispuesta a devorarte si te pillaba en un renuncio, y todos en mayor o menor medida fuimos alcanzados por el merchandaising.

Dudamos de nuestra vida para empezar a verla con las gafas moradas, y no voy a negar que podía resultar placentero creerse que nuestros errores y fracasos no eran nuestros, eran debido a una suerte de fuerza impresa en los genes, llamada patriarcado, ¡qué alivio! si nosotras no éramos culpables de nada, ellos eran culpables de todo. Qué podría salir mal?

Estómagos agradecidos que te hablaban de empoderamiento mientras medraban gracias a los secretos de alcoba

Supongo que alguien pensó que los hombres consentirían ser culpables desde el mismo momento del alumbramiento, y que las madres seriamos tan feministas como para sacrificar la igualdad de nuestros hijos en beneficio de la revancha feminista y como no podía ser de otra manera, el relato feminista, explotó por falta de argumentos y por exceso de referentes, y qué referentes! Iconos con talento para el drama y estómagos agradecidos que te hablaban de empoderamiento mientras medraban gracias a los secretos de alcoba. En mi época eso tenía otro nombre, hoy es feminismo.

Para sorpresa de nadie, hoy un porcentaje elevado de los jóvenes aboga por la igualdad y se separa de políticas feministas por considerarlas una herramienta de manipulación política y de adoctrinamiento. Supongo que las redes sociales han hecho mucho daño, los móviles con cámara también, porque ahora todo se puede ver desde distintos ángulos, y si no que se lo digan a Sara Marina, que enfocaba al suelo mientras gritaba, “me están pegando”. Los móviles los carga el patriarcado.

El relato feminista explotó por falta de argumentos y por exceso de referentes ¡y qué referentes!

Todo esto se solucionaría, sin redes sociales, sin móviles última generación y con más políticas públicas. Ábalos, de hecho, fue víctima de los móviles última generación, que te graban en horas bajas. Otra víctima del patriarcado. Menos mal que todavía nos queda el presidente, que sabe que todo lo malo está ahí fuera, en la redes sociales, donde cualquiera puede soltar un bulo, como lo de su suegro, y replicarlo hasta que la duda germina en la mitad de la población. Y eso hay que atajarlo y atacarlo de raíz, no puede ser que existan españoles que duden de la honorabilidad del presidente más feminista de la historia, y de su esposa.

En esa tesitura nos encontramos, en la carrera por la verdad y la carrera por el relato. Mientras nos queden medios, nos queden redes y nos queden ganas seguiremos contando lo que todos vemos y lo que solo algunos se atreven a contar.

Begoña Gerpe

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