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Japón ignora los escándalos y abre las puertas de su economía al gigante cripto Ripple

Mientras Occidente sigue mirando a las criptomonedas con una mezcla de desdén y pánico regulatorio, Japón ha decidido pisar el acelerador. El país del sol naciente, tercera economía mundial, se ha convertido en el campo de pruebas definitivo para Ripple y su tecnología XRP Ledger (XRPL). En un movimiento estratégico que consolida a Tokio como el nuevo Silicon Valley de la cadena de bloques, Ripple ha lanzado el «Japan Financial Infrastructure Innovation Program», una iniciativa que busca meter el «blockchain» en las venas del sistema financiero nipón.

No se trata de especulación de «traders» de dormitorio. Estamos hablando de infraestructura bancaria real. Gigantes como Mizuho Bank y SMBC Nikko Securities respaldan este programa para desarrollar soluciones que van desde la emisión de «stablecoins» hasta la tokenización de activos del mundo real. Japón está construyendo el dinero del futuro mientras Europa sigue debatiendo cómo regular el del pasado.

SBI Group: el aliado que lo cambia todo

La clave de esta conquista tiene nombre propio: SBI Group. Este conglomerado financiero, socio histórico de Ripple, está empujando la adopción del XRP con una agresividad inaudita. Su CEO, Yoshitaka Kitao, ha soltado la bomba: para 2025, se espera que los bancos japoneses utilicen XRP de forma masiva para transacciones interbancarias. Algunas fuentes hablan de una tasa de adopción del 80%. Si esto se confirma, Ripple dejará de ser una «moneda meme» para convertirse en el estándar de liquidación bancaria de una potencia del G7.

Además, se prepara el terreno para el lanzamiento del RLUSD, la stablecoin de Ripple, prevista para el primer trimestre de 2026 en Japón. Esto ofrecerá una vía rápida y barata para mover dólares digitales en Asia, puenteando sistemas arcaicos como el SWIFT, que a menudo se ven afectados por tensiones geopolíticas como las que se viven en Ucrania y Rusia.

Regulación inteligente frente a la prohibición

Lo que diferencia a Japón es su marco regulatorio. En lugar de prohibir y perseguir, han creado leyes claras para los activos digitales y las stablecoins. Esto da seguridad jurídica a empresas como Ripple para invertir millones. Incluso han lanzado un fondo conjunto para Japón y Corea para financiar startups en el ecosistema XRPL.

Esta apertura contrasta con la rigidez de otros mercados. Mientras Japón innova, otros países ven cómo su talento y capital huyen. Si el experimento japonés funciona, la eficiencia de los pagos transfronterizos dará un salto cuántico, dejando en evidencia a la banca tradicional occidental. En un mundo donde la economía busca eficiencias desesperadamente, como vemos en la recuperación global prevista para 2026, la tecnología de Ripple podría ser el motor que faltaba.

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