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“Dios es un stalker”: el obispo que escribe a Rosalía tras su nuevo álbum místico y erótico

Rosalía vuelve a incendiar los límites entre lo sagrado y lo profano. Su nuevo disco LUX, un viaje donde la fe se confunde con el deseo, ha desatado una reacción inesperada dentro de la Iglesia. El obispo de Sant Feliu de Llobregat, Xabier Gómez García, ha publicado una carta abierta dirigida a la artista catalana en la que confiesa su desconcierto ante su arte: “No consigo entenderte, pero me gustaría hacerlo”.

La carta, publicada en la hoja dominical del 9 de noviembre, ha corrido como la pólvora entre creyentes y fans. Y no es para menos: un obispo escribiendo a Rosalía no se ve todos los días.

El obispo que se pregunta si Rosalía quiere “llegar al puerto que anhela”

En su texto, Xabier Gómez no esconde su fascinación ni su confusión.

“Tu arte, hipnóticamente ecléctico y performativo, me genera preguntas. Cuando hablas de una sed que el mundo no puede satisfacer… pienso en Tarkovski y en Andréi Rubliov”, escribe el religioso.

El tono de la carta mezcla ternura pastoral y crítica existencial. Gómez sugiere que Rosalía vive su arte como una travesía espiritual, pero que aún no ha soltado “las amarras” para llegar a Dios. Una forma elegante de decir que la cantante juega con lo divino sin rendirse a él.

“Tu arte es un espacio donde el deseo y la fe se pueden encontrar”

El obispo llega incluso a citar algunas letras del álbum LUX, como “Mio Cristo Piange Diamanti” o “Dios es un stalker”, canciones que oscilan entre lo místico y lo provocador.

“Tus letras me abren a la posibilidad de un diálogo sobre la complejidad de la experiencia humana”, admite.
“Entiendes el amor como una fuerza dolorosa, liberadora, incluso divina.”

Lo cierto es que Rosalía no es nueva en esto. Desde Motomami, su obra se mueve entre el sacramento y el erotismo, un estilo que ha inspirado análisis teológicos, ensayos culturales y ahora, incluso, una carta episcopal.

Rosalía y la nueva religión del pop

En LUX, la catalana parece abrazar una especie de cristianismo sensual, lleno de símbolos: palomas, cruces, llantas y santos reinventados. No hay sermón, sino deseo, culpa y redención.
Y, paradójicamente, ese lenguaje atrae tanto a la generación TikTok como a los creyentes más ortodoxos, aunque por motivos muy distintos.

Su impacto cultural recuerda a otros momentos donde la música pop se ha cruzado con la religión: Madonna con Like a Prayer, Kanye West con Jesus is King, o incluso Lady Gaga con su versión moderna del sacrificio.
Rosalía, sin embargo, lo hace desde lo local, mezclando la imaginería católica catalana con un pulso urbano y global.

Entre la fe, la polémica y el deseo

El álbum ha dividido opiniones. Para algunos, Rosalía está “profanando lo sagrado”; para otros, resignificando lo divino. Lo cierto es que su discurso encaja perfectamente en una España donde la espiritualidad y la identidad cultural están más fragmentadas que nunca.

No es casualidad que, al mismo tiempo, crezcan las noticias sobre la persecución de cristianos en el mundo, o las polémicas por la presencia de símbolos religiosos en la esfera pública.

Como muestra, artículos recientes como “Los 10 países más peligrosos para ser cristiano” o “Hazte Oír denuncia los robos de crucifijos en el cementerio de la Almudena” reflejan ese choque entre fe y modernidad que también atraviesa el arte de Rosalía.

El silencio como respuesta

El obispo termina su carta con una frase que podría estar en una canción de LUX:

“Hay silencios que hablan más que mil canciones. Me pregunto si, cuando todo calla, encuentras paz o solo más ruido.”

Una reflexión que, sin proponérselo, convierte al propio Xabier Gómez en parte del performance espiritual de Rosalía. En su diálogo imposible entre lo sagrado y lo profano, el arte y la Iglesia acaban mirándose al espejo.

¿Provocación o búsqueda espiritual?

La pregunta que flota en el aire es simple:

¿Rosalía juega con Dios o está intentando encontrarlo?
Quizá ambas cosas.

Porque, como ella misma canta en Dios es un stalker, “lo divino también observa cuando nadie lo ve”.

Y mientras los templos se vacían, millones la escuchan.

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