Experto en cobrar de dictaduras y en pontificar desde un chalé en Galapagar, demuestra una vez más que el valor revolucionario se le quedó en la coleta
En un nuevo episodio de esa valentía bolivariana que tanto presume la izquierda patria, Pablo Iglesias ha declinado amablemente, o mejor dicho, ha salido corriendo, la invitación de Arturo Pérez-Reverte para participar en las jornadas sobre la Guerra Civil que el académico de la Lengua, novelista y caballero de las letras organiza en Sevilla.
“Conmigo que no cuente”, ha sentenciado el líder morado en retiro, comparando el foro con un hipotético debate histórico con Julio Iglesias. Porque, claro, para Iglesias, Pérez-Reverte, que ha escrito más páginas serias sobre la contienda que todos los panfletos podemitas juntos, es poco menos que un cantante de boleros con espada.
Silenciar al que no se arrodilla
No es la primera vez que la izquierda intenta silenciar a quien no se arrodilla ante su versión oficial de la historia. Recordemos que las jornadas originales tuvieron que aplazarse, y no por un catarro del organizador, sino por amenazas violentas explícitas de la ultraizquierda, esa que nunca falta cuando hay que defender la libertad de expresión… ajena.
Primero se cancela el acto por miedo a los gritos y los tuits incendiarios; después, cuando Pérez-Reverte anuncia que se celebrará en octubre y extiende cortésmente la mano al propio Iglesias, este responde con el clásico gesto de quien ve venir un toro y prefiere refugiarse en la barrera.
Desfachatez y cobardía
Qué desfachatez y qué cobardía tan bien coordinadas. El mismo que llenaba plazas gritando: “¡Sí se puede!”, ahora dice: “¡Con historiadores de verdad, no!”, cuando le ponen delante a alguien que, además de vender millones de libros, ha leído más archivos que todos los asesores de Monedero juntos.
Pero no nos engañemos: Iglesias sabe perfectamente que en un cara a cara sin bots ni tertulia amiga, su relato de buenos muy buenos y malos muy malos se desmoronaría como un castillo de naipes en un mitin de Yolanda Díaz.
Y no podía faltar el toque cómico-trágico de turno: el flamante ganador del Premio Nadal 2026, David Uclés, sí “el de la boina” (parece que sin ella no le funciona la inspiración), que inicialmente figuraba entre los ponentes y se bajó del carro con una excusa tan chulesca como la de no compartir nombre con otras personalidades que considera ‘fachas’.
Boina hípster y el ‘sincoletas’
Qué elegante forma de decir «me da miedo que me pregunten de verdad». Al final, entre la boina hípster y la coleta desaparecida, la izquierda española sigue demostrando que prefiere el postureo premiado a la discusión seria.
Pérez-Reverte, con esa chulería fina que tanto molesta a los intolerantes de siempre, a los que, por cierto, nunca les falta el epíteto ‘facha’ para quien osa salirse del guion oficial, ha respondido con su habitual elegancia: seguirá adelante en Sevilla en octubre, con o sin los valientes de salón.
Porque mientras unos amenazan, cancelan y huyen, otros simplemente hablan, escriben y defienden la libertad de pensar sin pedir permiso a la checa de turno.
En fin, que la izquierda sigue ganando premios literarios con boina y perdiendo debates sin presentarse.












