Con apenas 28 años y una sonrisa que resiste incluso a la enfermedad, Xisco Quesada se ha convertido en un símbolo de lucha y esperanza. Desde la cama de un hospital y con el cuerpo marcado por un cáncer de páncreas terminal, el joven mallorquín ha lanzado un mensaje directo a sus seguidores: “Me quedo sin recursos, necesito ayuda para seguir peleando”.
“He dado todo lo que tenía”
Su voz, cada vez más débil pero firme, suena entrecortada en el vídeo que ha difundido en redes sociales. “He intentado costearlo todo con mi familia. Ya no queda nada. Lo poco que guardaba para impuestos se ha ido en tratamientos”, explica con sinceridad.
Lleva dos meses ingresado, lejos de su familia y de sus dos hijos pequeños. Aun así, insiste en mantener la fe: “Mientras siga en pie, habrá esperanza”.
Xisco cuenta que la recaudación no será solo para su tratamiento. “Si esto sale mal, el 60 o 70% de lo que se consiga irá a investigación contra el cáncer, para que otros no pasen lo mismo. El resto, para mi familia, que ha dado todo por mí”.
Las redes responden con una ola de solidaridad
En apenas 24 horas ha recaudado más de 750.000 euros, una cifra que refleja el impacto emocional de su historia. Miles de personas anónimas, deportistas, sanitarios y figuras públicas han compartido su vídeo en X, Instagram y TikTok, donde acumula más de 200.000 seguidores.
Para muchos, Xisco no es solo un enfermo: es un referente de valentía, alguien que ha convertido su tragedia en una lección de vida. “No me rindo, aunque el tiempo corra en contra”, repite en cada publicación.
La historia que partió de un simple dolor de barriga
Su pesadilla comenzó con un diagnóstico que nadie espera escuchar a los 28 años: “Tienes un tumor. Ha hecho metástasis en el hígado y no se puede operar”.
A partir de ahí, su vida cambió por completo. En apenas 48 horas pidió matrimonio a su pareja, se casó, celebró el cumpleaños de su hijo pequeño y firmó su testamento.
Desde entonces, su lema ha sido claro: “Si el cuerpo muere, que no muera el alma”.
“Hoy toca llorar, pero de alegría”
En uno de sus vídeos más compartidos, Xisco celebraba una pequeña victoria: su tumor y las metástasis se habían reducido. “El TAC habló. Hoy toca llorar, pero de alegría”, escribía.
Sin embargo, las últimas semanas han vuelto a ser duras. “Las cosas se han complicado”, admite, aunque sigue aferrado a la esperanza y al cariño de sus seguidores, a los que llama “familia”.
Una comunidad que no lo deja solo
Su historia recuerda a la de otros españoles que han convertido la enfermedad en un altavoz social, como los padres que impulsaron campañas solidarias para salvar a sus hijos o los enfermos que exigen más inversión pública en investigación oncológica (ver “El Gobierno destina más dinero a propaganda que a investigación sanitaria”).
En un país donde la burocracia y la lentitud del sistema público desesperan a tantos pacientes, Xisco representa la cara humana de la resistencia, la historia de alguien que pelea por cada día de vida con una sonrisa que ya ha conmovido a toda España.
“Si no puedes donar, comparte”, dice en su último mensaje. Y miles lo están haciendo.












