Saltar el contenido

Zapatero propuso reducir controles policiales y detener operaciones contra ETA tras el anuncio de alto el fuego

Nuevos documentos publicados confirman que el pacto también aceptaba que batasuna volviese a operar políticamente

Durante las negociaciones secretas mantenidas entre el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y la organización terrorista ETA en 2006, el Ejecutivo socialista mostró disposición a aplicar medidas de distensión a cambio del cese de la violencia. Según documentos internos de ETA revelados por The Objective, el presidente español ofreció reducir significativamente la presencia policial en el País Vasco y suspender detenciones, excepto en casos graves como homicidios o robos.

Zapatero y las condiciones ofrecidas a ETA en 2006

Los archivos confidenciales, redactados en el marco de las conversaciones celebradas en Ginebra con la mediación del Centro Henri Dunant, muestran cómo Jesús Eguiguren, entonces líder del PSE, actuó como emisario del Gobierno. Fue él quien trasladó a Josu Ternera, representante de ETA, las propuestas del Ejecutivo.

Entre las medidas que el Gobierno estaba dispuesto a implementar tras el alto el fuego declarado el 22 de marzo de 2006, destacaban:

  • Reducción visible de los controles policiales en el País Vasco.
  • Fin de las detenciones de miembros de ETA, salvo en delitos concretos.
  • Permiso tácito para que Batasuna y otras organizaciones de la izquierda abertzale recuperasen su actividad política.

ETA, que se refería a Zapatero con el alias «Gorburu», registró en sus actas que estas medidas se implementarían entre los siete y diez días posteriores al anuncio del cese de la violencia.

Las exigencias de ETA: proceso democrático sin «represión»

Por su parte, la banda terrorista entregó un documento con sus objetivos, centrados en abrir un «proceso democrático en Euskal Herria». Este proceso debía permitir a los ciudadanos del País Vasco y Navarra decidir libremente su futuro, sin «interferencias» de los gobiernos de España o Francia. En ese sentido, ETA pedía a Zapatero y a Sarkozy que respetaran sin condicionamientos la voluntad popular vasca.

El grupo subrayó su exigencia de «pasar de las palabras a los hechos» y reclamó el fin de lo que consideraban «represión» por parte de ambos estados.

Discrepancias en torno al término «permanente»

Durante las discusiones, Eguiguren criticó los primeros borradores del comunicado de ETA por no incluir la palabra “permanente”, clave para transmitir un compromiso real con el fin de la violencia. Aunque logró que la banda aceptara introducir ese término, ETA se negó rotundamente a definir el alto el fuego como “definitivo”.

A cambio, la organización se mostró dispuesta a valorar el abandono definitivo de la lucha armada, si el proceso político se desarrollaba sin “interferencias antidemocráticas”. ETA mencionó explícitamente el ejemplo del IRA en 2005 como modelo a seguir.

Acuerdo final: alto el fuego permanente… y primeros incumplimientos

Tras semanas de negociaciones, ambas partes acordaron finalmente el anuncio de un “alto el fuego permanente”, redactado en euskera y castellano. La traducción simultánea se consideró crucial para evitar tergiversaciones.

Sin embargo, la tregua pronto mostró señales de ruptura. En octubre de 2006, ETA robó 350 pistolas en Burdeos, quebrantando el compromiso de paz.

Las 14 condiciones del Gobierno y la respuesta ambigua de ETA

Eguiguren entregó a ETA un documento con 14 condiciones clave, que incluían:

  • Cese total de atentados y extorsiones.
  • No adquirir más armas.
  • No reclutar nuevos miembros.

La respuesta de ETA fue ambigua: prometía evitar acciones armadas, salvo las necesarias para mantener su estructura organizativa. Esta redacción fue rechazada por el Gobierno por considerarla insuficiente.

Un proceso con final anunciado

En caso de crisis, ambas partes se comprometieron a consultar a los mediadores antes de suspender las conversaciones, y a no divulgar documentos mientras durara la negociación. Sin embargo, si la ruptura era definitiva, quedarían liberadas de estos compromisos.

ETA puso un límite de seis meses para iniciar negociaciones formales tras el alto el fuego. El Gobierno, no obstante, se adelantó y abrió contactos directos el 29 de junio de 2006, solo tres meses después del anuncio, para mantener viva la esperanza del proceso.

A pesar de los esfuerzos, la llamada «tregua permanente» de ETA terminó fracasando y no logró consolidar una paz duradera.

Deja tu respuesta

Donar

Síguenos