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La Manga resiste al alarmismo verde pero la contaminación del bipartidismo asfixia al Mar Menor

El verdadero escándalo no es el clima cíclico natural, sino la contaminación alarmante que asfixia al Mar Menor, promovida por PPSOE

Hace más de una década, los profetas del apocalipsis climático, liderados por Greenpeace y otros similares con nombres raros, aterrorizaban al mundo con imágenes manipuladas de La Manga del Mar Menor sumergida bajo las olas.

Predijeron su desaparición inminente por el supuesto cambio climático antropogénico, con el mar devorando esta icónica franja de tierra en Murcia. «Para 2040, temperaturas 2,2°C más altas y playas evaporadas«, clamaban, exigiendo draconianas restricciones económicas en nombre de la Madre Tierra.

Pero aquí estamos en 2025: La Manga sigue firme, un baluarte de arena (y cemento) y sol que resiste las profecías fallidas de los ecologistas de salón. No ha desaparecido. Al contrario, el turismo y el desarrollo humano la mantienen viva, demostrando que el alarmismo verde es solo humo para justificar impuestos y controles estatales.

Contaminación alarmante

Sin embargo, el verdadero escándalo no es el clima cíclico natural, sino la contaminación alarmante que asfixia el Mar Menor, promovida por la negligencia bipartidista.

El Gobierno Regional de Murcia, en manos del PP, ha priorizado el agrointensivo y la urbanización descontrolada, vertiendo nitratos y residuos agrícolas que provocan eutrofización masiva. Recientes crisis de oxígeno en octubre y noviembre de 2025 han hecho huir a la fauna marina, con peces y crustáceos abandonando la laguna sureña por anoxia casi total. Mientras, Gobierno Central del PSOE vende humo, año tras año, pero su inacción es criminal. Prometen el Pacto Verde Europeo, pero permiten que las tormentas como Alice agraven el desastre, sin invertir en infraestructuras reales.

Burocracia y subsidios eco

En lugar de soluciones prácticas como dragados o filtros agrícolas, como apunta VOX, optan por burocracia y subsidios que benefician a lobbies verdes.

Los partidos ecologistas, con sus pancartas y discursos en X, son los peores hipócritas: critican desde cómodos salones de Bruselas, pero ignoran que sus políticas anti-desarrollo han estancado la región.

Estudios científicos reales, como los de sedimentos milenarios, muestran que la degradación viene de décadas de mala gestión humana, no de CO2 demonizado. Mientras, el Mar Menor sufre: opacidad del agua, muertes masivas de especies y un ecosistema al borde del colapso, todo por gobiernos que priorizan votos sobre hechos.

No a las regulaciones socialistas

Ante ello, expertos hablan de la necesidad de imponer políticas liberal, pro-empresariales y anti-estatistas. Basta de pactos verdes que asfixian la economía; “invirtamos en innovación privada para limpiar el lago, no en más regulaciones socialistas”.

La Manga no se hundió por el clima, pero podría ahogarse en la incompetencia bipartidista. El enemigo no es el calentamiento, sino el intervencionismo eco rojo-azul.

Grito frente a la inacción bipartidista

En este sentido, en las últimas semanas de noviembre de 2025, miles de murcianos han tomado las calles en una nueva oleada de manifestaciones para defender el Mar Menor, esa joya natural que los ecologistas de salón juraban perdida por el cambio climático, pero que agoniza por la crónica negligencia de los gobiernos regional y central.

El 30 de noviembre, bajo el lema «¡Basta ya de jugar a la ruleta rusa con el Mar Menor!», una nutrida coalición de más de quince colectivos vecinales, pesqueros y ambientales partió desde la Venta Simón en Los Alcázares, culminando en un simbólico corte de tráfico sobre la Rambla del Albujón.

Con pancartas que denunciaban la eutrofización mortal y la muerte masiva de fauna marina, los manifestantes no se limitaron a lamentar: exigieron la ejecución inmediata de la Ley 3/2020 y la aprobación del Plan de Ordenación Territorial de la Cuenca Vertiente (POTCVMM), que el Ejecutivo de López Miras (PP) sigue posponiendo mientras aprueba otro tipo de decretos.

Vertidos de nitratos

Esta marcha, que reunió a familias enteras y expertos independientes, no fue un capricho alarmista, sino un recordatorio de que la verdadera amenaza no es el CO2, sino los vertidos de nitratos que convierten la laguna en un pantano tóxico, todo bajo la mirada indiferente de un bipartidismo que prioriza votos y subsidios sobre la soberanía alimentaria y el desarrollo sostenible.

Estas protestas, que han incluido concentraciones frente a la Asamblea Regional y cadenas humanas simbólicas, reflejan el hartazgo de una sociedad harta de políticas verdes hipócritas que benefician a élites globalistas y asfixian a los productores locales.

Y es que el Mar Menor no desaparecerá por olas imaginarias, pero sí por la corrupción bipartidista; los murcianos, con su coraje en las calles, están despertando a esa verdad incómoda.

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