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Los vecinos podrán llevar ante la justicia a los propietarios que realicen obras ilegales en sus viviendas

La convivencia en las comunidades de propietarios en España se enfrenta a un nuevo escenario legal que otorga un poder sin precedentes a las juntas de vecinos. A partir de este mes de enero de 2026, realizar una reforma en casa sin seguir los cauces legales puede terminar en un calvario judicial para los propietarios más descuidados.

La Ley de Propiedad Horizontal (LPH) ha sido clara en sus recientes interpretaciones jurídicas: el derecho de propiedad privada no es absoluto. Cuando una obra afecta a la estructura, la estética o la convivencia, la comunidad tiene la obligación y el derecho de intervenir para proteger el patrimonio común.

Esta medida busca poner fin a la impunidad de aquellos que creen que sus cuatro paredes les dan derecho a realizar cualquier tipo de modificación. Desde derribar muros de carga hasta alterar la uniformidad de las fachadas, el descontrol en las reformas domésticas se ha convertido en una fuente constante de conflictos.

El artículo 7 de la Ley de Propiedad Horizontal es la clave jurídica

El marco legal vigente establece que cualquier propietario tiene derecho a modificar los elementos arquitectónicos de su vivienda, pero siempre con límites infranqueables. El artículo 7 de la LPH es la piedra angular que define qué se puede y qué no se puede hacer tras la puerta de casa.

Para poder iniciar cualquier tipo de obra, el propietario debe informar previamente a quien represente a la comunidad. No se trata de una mera cortesía, sino de un requisito legal que, de incumplirse, puede invalidar cualquier actuación posterior y dar pie a demandas inmediatas.

Si la obra menoscaba la seguridad del edificio, altera su configuración exterior o perjudica los derechos de otros propietarios, la comunidad está facultada para exigir el cese inmediato. La justicia española está siendo cada vez más contundente en la protección de los elementos comunes frente a los intereses individuales egoístas.

Acciones judiciales contra las reformas que afectan a los elementos comunes

El gran caballo de batalla en las comunidades de vecinos sigue siendo la alteración estética de los edificios. Muchos propietarios deciden cerrar terrazas o cambiar la carpintería exterior sin consultar, rompiendo la armonía visual de las fachadas que pertenecen a todos.

Ante estas situaciones, el presidente de la comunidad tiene la potestad de actuar de oficio o a petición de cualquier vecino molesto. El primer paso siempre será un requerimiento formal, una advertencia de que la ley está para cumplirse y que la desobediencia tendrá consecuencias graves ante los tribunales.

Si el infractor persiste en su actitud desafiante, la vía judicial queda expedita. Las sentencias recientes demuestran que los jueces no dudan en obligar a la demolición de lo construido ilegalmente y a la restauración del estado original a costa del propietario infractor.

Indemnizaciones y privación del uso de la vivienda como castigo extremo

La ley no solo busca restablecer la legalidad, sino también castigar los comportamientos abusivos. Un propietario que inicie obras peligrosas o molestas puede enfrentarse al pago de cuantiosas indemnizaciones por daños y perjuicios a sus vecinos.

Pero el castigo más severo que contempla nuestra legislación es la privación temporal del uso de la vivienda. En casos de rebeldía contumaz o de actividades que pongan en riesgo la salud y seguridad del edificio, un juez puede prohibir al propietario entrar en su propia casa por un periodo de hasta tres años.

Esta medida, aunque excepcional, sirve como aviso para navegantes. La propiedad privada conlleva una responsabilidad social que muchos parecen haber olvidado en una sociedad cada vez más individualista y menos respetuosa con las normas de convivencia básica.

La necesidad de reformar las instituciones para proteger a los propietarios

Mientras se endurecen las normas contra las obras habituales, muchos ciudadanos reclaman que ese mismo rigor se aplique en otros ámbitos institucionales. La falta de firmeza en la gestión pública a menudo deja a los ciudadanos desamparados ante problemas mayores.

Al igual que ocurre cuando se exige la dimisión de altos cargos por mala gestión, como se ha visto en casos donde VOX demanda responsabilidades políticas directas, los vecinos exigen celeridad en la justicia para que sus denuncias no queden guardadas en un cajón durante años.

La seguridad jurídica de quienes cumplen las normas debe ser la prioridad absoluta del Estado. No se puede permitir que el cumplimiento de la ley sea opcional para unos pocos mientras la mayoría de los españoles respeta escrupulosamente los reglamentos de sus comunidades.

Excepciones legales para obras de accesibilidad y personas mayores

No obstante, la Ley de Propiedad Horizontal también contempla supuestos en los que las obras son obligatorias y no requieren el permiso previo de la junta de propietarios. Se trata de las actuaciones destinadas a garantizar la accesibilidad universal en los edificios.

Si en el edificio residen personas con discapacidad o mayores de 70 años, las obras para la instalación de ascensores o rampas deben realizarse de forma obligatoria. Siempre que el coste no supere las doce mensualidades de gastos comunes, la comunidad no puede negarse a su ejecución.

Este equilibrio entre la protección del patrimonio común y el derecho a la movilidad busca adaptar nuestro parque de viviendas a una población cada vez más envejecida. Es una cuestión de justicia social que trasciende los intereses particulares de cada vecino.

El papel de la mediación antes de llegar a los tribunales

Dada la lentitud de la justicia en España, muchos expertos recomiendan acudir a la mediación profesional antes de presentar una demanda formal. Un acuerdo extrajudicial puede ahorrar mucho tiempo y dinero a ambas partes, evitando que el conflicto se enquiste para siempre.

Sin embargo, la mediación solo funciona cuando hay voluntad de diálogo. En muchas comunidades, la figura del administrador de fincas es fundamental para poner orden en el caos y recordar a cada uno sus derechos y, sobre todo, sus deberes legales.

Es fundamental que las negociaciones políticas, como las que buscan renovar los órganos judiciales de la nación, den como fruto un sistema más ágil que no desincentive a los ciudadanos a defender sus derechos legítimos frente a los abusos de terceros.

Consejos prácticos para evitar conflictos por reformas en casa

Si usted está pensando en reformar su vivienda, el primer paso es conseguir el visto bueno del ayuntamiento a través de la licencia correspondiente. Una obra sin licencia es una obra nacida muerta que le pondrá en el punto de mira de la inspección municipal y de sus propios vecinos.

En segundo lugar, comunique siempre sus intenciones al presidente por escrito. No se fíe de las conversaciones de pasillo. Tener un rastro documental de que ha informado a la comunidad le servirá como escudo legal ante cualquier reclamación futura malintencionada.

Por último, asegúrese de que la empresa de reformas cumple con todos los requisitos de seguridad y tiene un seguro de responsabilidad civil vigente. Cualquier percance durante la obra, como una fuga de agua o una grieta en casa del vecino, será responsabilidad suya si no tiene las espaldas bien cubiertas.

España camina hacia una regulación cada vez más estricta de la convivencia en las grandes ciudades. El tiempo de la anarquía en las reformas domésticas ha terminado y quien no quiera entenderlo se enfrentará a la dureza del Código Civil y de la Ley de Propiedad Horizontal.

La protección de los elementos comunes es la protección de la inversión patrimonial de todos los propietarios. Un edificio descuidado por obras ilegales pierde valor de mercado y pone en riesgo la seguridad de todos sus habitantes, algo que la justicia ya no está dispuesta a tolerar.

El sentido común y el respeto por lo ajeno deben volver a ser las guías de nuestra convivencia. Mientras tanto, la ley seguirá siendo el último recurso para aquellos que se niegan a aceptar que vivir en comunidad implica, necesariamente, ceder parte de nuestra libertad en beneficio del bien común.

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