Santiago Abascal ha expresado su preocupación por la sucesión de incidentes violentos que, según denuncia, están sufriendo Vox y sus simpatizantes en distintos puntos de España. En una intervención en Cuatro, el presidente de la formación ha puesto el foco en los episodios registrados en La Coruña y Avilés, donde las contramanifestaciones convocadas contra los actos del partido han elevado la tensión hasta obligar a intervenir a los antidisturbios.
El líder de VOX considera que estos sucesos no son hechos aislados, sino parte de una dinámica de hostigamiento que busca dificultar la actividad política de su formación. En su denuncia ha recordado también los incidentes de Granada y Vallecas, así como los ataques sufridos por carpas informativas de Vox y las intimidaciones a simpatizantes.
La imagen que describe Abascal es la de grupos vestidos de negro, algunos encapuchados, banderas rojas y enseñas palestinas, acompañados de insultos y consignas destinadas a entorpecer los actos de su partido. En Avilés, la tensión terminó con cargas de la Policía Nacional después del lanzamiento de un casco y con mobiliario de terrazas por los aires.
Abascal apunta al Gobierno de Sánchez
El presidente de VOX ha dirigido sus críticas contra Pedro Sánchez y su Ejecutivo, a los que responsabiliza políticamente del clima de confrontación. Abascal sostiene que la izquierda está contribuyendo a normalizar la hostilidad contra su partido y denuncia que sus actos se ven sometidos a presiones que, a su juicio, pretenden limitar su libertad para hacer campaña y defender sus propuestas.
En su discurso, el dirigente ha recurrido a la expresión «milicias de Sánchez» para referirse a los grupos de extrema izquierda que, según su denuncia, participan en estos episodios de intimidación. También ha advertido de la presencia de grupos radicales y ha señalado una supuesta colaboración entre sectores antifascistas y grupos de origen magrebí. Estas acusaciones forman parte de sus declaraciones y requerirían pruebas específicas para establecer responsabilidades o vínculos organizativos.
Abascal ha denunciado igualmente que algunos de los participantes en las contramanifestaciones habrían perseguido o increpado a personas que portaban la bandera de España. Para VOX, estos episodios reflejan una preocupante intolerancia hacia sus símbolos y hacia quienes respaldan políticamente a la formación.
De las carpas atacadas a los antidisturbios protegiendo los mítines
Los incidentes denunciados por VOX van más allá de los enfrentamientos verbales. La formación recuerda los ataques a sus carpas informativas y las situaciones en las que los agentes antidisturbios han tenido que intervenir para proteger a sus simpatizantes y mantener separados a los grupos enfrentados.
La Coruña y Avilés vuelven a situar el problema en primer plano. En ambos casos, las movilizaciones contra Vox coincidieron con sus actos políticos y generaron momentos de tensión. En la ciudad asturiana, la Policía Nacional terminó cargando después de que un casco saliera volando, mientras se producían lanzamientos de objetos y estallaban petardos.
El dirigente denuncia que, cuando los incidentes afectan a su partido, la respuesta política de la izquierda se centra con frecuencia en cuestionar la actuación policial, en lugar de condenar de manera inequívoca los actos violentos. Abascal considera que este doble rasero contribuye a crear un entorno de impunidad para los grupos radicales.
«Que no caigan en las provocaciones»
Pese a la dureza de sus acusaciones, Abascal ha trasladado un mensaje de contención a los militantes y simpatizantes de VOX: no responder a las provocaciones. El líder quiere evitar que los enfrentamientos terminen desviando la atención de sus propuestas políticas o que sus adversarios consigan transformar los actos electorales en episodios de confrontación callejera.
La denuncia vuelve a colocar en el centro del debate la libertad de expresión y de reunión. Los grupos contrarios a VOX tienen derecho a manifestarse pacíficamente, pero ese derecho no puede utilizarse para intimidar a los asistentes, impedir un mitin o justificar agresiones. Del mismo modo, las responsabilidades por cualquier ataque deben determinarse a partir de hechos acreditados y no únicamente de acusaciones políticas.
Para VOX, el problema es de fondo: una formación con representación institucional debe poder celebrar sus actos, instalar sus carpas y defender sus ideas sin verse sometida a amenazas ni violencia. Abascal responsabiliza políticamente al Gobierno de Sánchez del clima de tensión y reclama que se condenen sin ambigüedades los ataques, con independencia de quién los cometa.
La advertencia del líder de VOX es clara: su partido no piensa renunciar a la calle ni a su actividad política por la presión de grupos violentos. La democracia exige que las diferencias se resuelvan con argumentos y votos, no mediante el acoso a quienes piensan distinto.




















