La declaración de Víctor de Aldama ante el Tribunal Supremo ha introducido uno de los elementos más controvertidos del procedimiento al relatar un episodio que, por su naturaleza, trasciende lo político para entrar en el terreno ético.
Durante su comparecencia, el empresario describe cómo, en pleno viaje institucional a México junto al entonces ministro José Luis Ábalos, recibió una petición que, según su versión, implicaba la contratación de mujeres para el dirigente socialista.
La frase literal es contundente: «Koldo me dice, oyes, Víctor, hay que organizar algo al jefe para que se relaje», en referencia al asesor Koldo García.
Ante la pregunta de qué significaba esa petición, la respuesta fue aún más explícita: «Bueno, pues hay que buscar a unas señoritas y presentárselas al jefe».
Un relato que apunta a servicios sexuales pagados
Aldama detalla que los hechos se produjeron tras una cena en Ciudad de México, donde afirma haber gestionado el contacto con varias mujeres. Según su declaración: «Se traen unas señoritas y se quedan con el señor Ábalos».
El elemento más relevante del testimonio es la referencia directa al pago: «Se pagan a esas señoritas y las pago yo también a esas señoritas. Primera y única vez que yo pago las señoritas al señor Ábalos».
Aunque el término utilizado es “señoritas”, el propio contexto descrito —selección, encuentro privado y pago— apunta claramente a la contratación de servicios sexuales, una circunstancia que, de confirmarse, tendría una fuerte carga política y reputacional.
Un episodio privado en un viaje institucional
El relato resulta especialmente delicado porque se sitúa dentro de un viaje cuyo objetivo oficial era la promoción de intereses de empresas españolas en México.
La coexistencia de una agenda institucional con episodios de carácter privado y presuntamente remunerado introduce un fuerte contraste que cuestiona el uso del entorno oficial para fines personales.
Impacto político y límites del testimonio
Conviene subrayar que estas afirmaciones proceden de un acusado en sede judicial y, por tanto, deberán ser verificadas en el marco del proceso. No constituyen hechos probados.
Sin embargo, el contenido del relato eleva la presión política sobre el entorno de Ábalos y amplía el alcance del caso, que ya no se limita a contratos o comisiones, sino que incorpora posibles comportamientos de carácter personal en contextos oficiales.
Además, esta parte de la declaración se suma a otras en las que Aldama menciona dinámicas de poder, financiación y relaciones internacionales, incluyendo referencias al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, lo que refuerza la dimensión política del procedimiento.
Un frente que trasciende lo judicial
El episodio de “las señoritas” se ha convertido en uno de los puntos más sensibles de la declaración. No solo por su contenido, sino por lo que sugiere: la posible normalización de prácticas privadas controvertidas en el entorno de viajes oficiales.
A medida que avance el proceso en el Supremo, será clave determinar si este relato se sostiene con pruebas o queda como una declaración sin respaldo. Mientras tanto, el impacto mediático ya está consolidado y añade una nueva capa de desgaste al caso.












