Skip to content

El esperpento perpetuo PPSOE de Cartagena: traiciones, transfuguismo y poder a cualquier precio

La alcaldesa Arroyo (PP) sacrifica a VOX para ‘comprar’ a los tránsfugas y abortar la moción de censura: la ciudad se hunde en parálisis, suciedad y aislamiento

Lo que se está viviendo en el Ayuntamiento de Cartagena no es política: es un vodevil grotesco, un esperpento de manual donde los principios se venden al peso, las siglas se traicionan sin pudor, especialmente por aquellos que viven de las cloacas, y el interés particular prima sobre el bien común.

Una tragicomedia en la que los ciudadanos son meros espectadores de un circo que lleva años paralizando una de las ciudades con más potencial de la Región de Murcia.

Antecedentes de una inestabilidad crónica

Tras una legislatura en la que MC (Movimiento Ciudadano) gobernó con el PSOE, en las siguientes elecciones MC volvió a ganar, pero fue desalojado del poder por una alianza contra natura entre PP y PSOE.

En la actual legislatura, el PP de Noelia Arroyo ganó en minoría y se alió con los cuatro concejales de VOX para gobernar. Hace aproximadamente un mes, dos de ellos —Diego Salinas y Beatriz Sánchez del Álamo— se convirtieron en tránsfugas y abandonaron VOX. Era los seguidores del anterior presidente regional de VOX, aislado por Santiago Abascal (que ya se veía ve ir el percal y al que el tiempo le ha vuelto a dar la razón).

El PSOE, fiel a su tradición de buscar alianzas imposibles (recordando las famosas «cloacas» de Ferraz), vio la oportunidad y se unió a MC, liderado por Jesús Giménez Gallo (segunda fuerza política), y a los tránsfugas para registrar una moción de censura que se iba a debatir el próximo 2 de junio.

Pero ayer, en una jugada calificada por muchos de maquiavélica y rastrera, la alcaldesa Noelia Arroyo cesó a los dos concejales de VOX que permanecían leales (Gonzalo López Pretel y Diego Lorente) del Gobierno municipal. Con esta maniobra, ofreció a los tránsfugas la cabeza de sus antiguos compañeros a cambio de que retiraran su apoyo a la moción.

La ‘compra’ de voluntades, según VOX

Gonzalo López Pretel no se mordió la lengua: acusó directamente a Arroyo de «comprar a dos tránsfugas» para salvar su Alcaldía. «Ha prostituido las instituciones», llegó a afirmar, denunciando que el PP ha pagado un precio ético muy alto a cambio de permanecer en el poder.

Arroyo, por su parte, justifica la decisión en la «responsabilidad» y en evitar que el Sanchismo tome el Ayuntamiento de Cartagena. Niega haber ofrecido contraprestaciones más allá del cese de los ediles de VOX. Una cuestión que pocos creen.

Jesús Giménez Gallo: una estrategia fallida que pagará cara

La gran perdedora política de este esperpento es, sin duda, MC y su líder Jesús Giménez Gallo. Después de ilusionarse con recuperar el poder, ha quedado expuesto como un instrumento utilizado por los tránsfugas para presionar al PP. Su estrategia ha sido un fiasco absoluto: se ha asociado con tránsfugas, con el PSOE y con una moción que ha terminado en ridículo antes siquiera de debatirse.

Giménez Gallo pasa de aparecer como alternativa seria a convertirse en el convidado de piedra de un pacto de mercaderes. Esta imagen de debilidad y oportunismo le puede pasar factura muy seriamente en las elecciones municipales de 2027. Los cartageneros no olvidan fácilmente a quienes bailan al son que marcan los tránsfugas.

Cartagena, rehén de un Ayuntamiento en descomposición

Mientras los políticos juegan al trono, Cartagena sigue siendo una de las ciudades más sucias de España, con barrios abandonados, facturas pendientes por millones de euros y una parálisis absoluta en proyectos clave.

La ciudad permanece desconectada de la Región de Murcia y del resto de España en infraestructuras, comunicaciones y desarrollo económico. El Plan General, las inversiones pendientes, la limpieza viaria o la imagen de la ciudad ante turistas e inversores brillan por su ausencia.

Hartazgo del ciudadano de Cartagena

Este último capítulo de transfuguismo, ceses, retractaciones y acusaciones mutuas de compra de voluntades no hace más que profundizar el hartazgo ciudadano.

Los cartageneros asisten atónitos a cómo sus representantes priorizan sillones, venganzas internas y supervivencia política antes que resolver los problemas reales de la ciudad.

El pleno del 2 de junio será otro capítulo de este sainete. Pero el veredicto ya está sobre la mesa: Cartagena merece mucho más que esta clase política de baja estofa, donde las traiciones se disfrazan de «responsabilidad» y el transfuguismo se convierte en moneda de cambio.

La pregunta que queda en el aire es hasta cuándo los ciudadanos van a seguir tolerando este esperpento en Cartagena.

Deja una respuesta