Skip to content

Tras 80 años no hay vacuna contra el hantavirus pero en dos meses se creó la del coronavirus

Sectores científicos críticos cuestionan hoy cómo fue posible tal rapidez para ‘obtener’ una vacuna frente a la enfermedad de la Covid-19

La reciente tragedia ocurrida a bordo de un crucero que navegaba en aguas argentinas, donde se ha confirmado el fallecimiento de tres pasajeros debido a un posible brote de hantavirus, ha vuelto a poner el foco sobre esta peligrosa enfermedad zoonótica. Y sobre el hallazgo de vacunas para atenuar o hacer frenar y prevenir ciertos virus.

Mientras las autoridades sanitarias mantienen el crucero bajo investigación para determinar el alcance y el origen exacto del foco, el suceso subraya los desafíos persistentes que plantea este virus, especialmente en lo relativo a su prevención y a la ausencia de una vacuna eficaz.

Por ello, la fulminante creación de una vacuna altamente eficaz contra el coronavirus en tiempo récord sigue alimentando teorías conspirativas años después de la pandemia. Mientras la comunidad científica defendió el hito como fruto de avances acumulados en biotecnología, sectores críticos cuestionan cómo fue posible tal rapidez frente a otras enfermedades como la Covid-19.

Tras 80 años y sin vacuna

El contraste resulta aún más llamativo en 2026. Más de 80 años después de los primeros estudios sobre el hantavirus, aún no existe una vacuna plenamente efectiva. Este virus, que recientemente protagonizó un brote en un crucero procedente de Argentina, mantiene en alerta a las autoridades sanitarias.

Expertos insisten en que no todos los virus presentan la misma complejidad ni viabilidad para el desarrollo de vacunas. Sin embargo, la comparación continúa alimentando narrativas que mezclan desconfianza, desinformación y sospechas sobre los intereses detrás de la investigación científica.

Origen en Corea

El hantavirus es un grupo de virus que causa infecciones graves en el organismo humano y cuyo nombre deriva del río Hantan, en Corea, zona donde se aisló por primera vez su miembro prototípico en la década de 1930.

Aunque los primeros brotes se describieron en Asia y Europa, el virus también está presente en el continente americano, donde se identificaron casos en 1993 en la región de Four Corners, en Estados Unidos. Cada cepa de hantavirus está estrechamente asociada a un roedor portador específico, que actúa como reservorio natural, siendo el ratón ciervo uno de los más comunes en Norteamérica y Centroamérica.

Mecanismos de contagio

La transmisión del hantavirus a los humanos ocurre principalmente de forma indirecta, a través del contacto con roedores infectados. Las vías de contagio más frecuentes incluyen:

  • Inhalación: Es la causa más común y sucede cuando las personas respiran aire contaminado con partículas de orina, heces o saliva de roedores infectados, que pueden quedar suspendidas en el polvo de lugares cerrados o poco ventilados.
  • Contacto directo: Manipular roedores, vivos o muertos, o tocar objetos y superficies contaminadas con sus excrementos y luego llevarse las manos a la boca, la nariz o los ojos.
  • Mordeduras: Aunque menos frecuente, el virus también puede transmitirse a través de mordeduras o arañazos directos de roedores infectados.
  • Transmisión interhumana: En el caso específico de la cepa Andes, que circula en Sudamérica, se ha documentado la posibilidad de contagio entre personas a través de contacto estrecho con pacientes infectados, un factor que complica las medidas de control en brotes.

Desafíos en la creación de una vacuna

Aún no existe una vacuna disponible para prevenir la infección por hantavirus, lo que convierte a la detección temprana y la prevención ambiental en los únicos pilares de control. El desarrollo de una inmunización se ha visto frenado por varios factores técnicos y financieros:

  • Complejidad de la investigación: La gran diversidad de cepas de hantavirus, cada una asociada a distintos roedores, dificulta la creación de una vacuna universal eficaz para todas las variantes.
  • Falta de financiación y capacidad técnica: Muchos proyectos de investigación, incluso aquellos en etapas prometedoras, enfrentan dificultades para obtener recursos económicos suficientes o carecen de laboratorios con la capacidad necesaria para realizar ensayos clínicos complejos y fabricar dosis para humanos.
  • Etapa de desarrollo: Aunque se han realizado avances en estudios en el extranjero, la mayoría de las investigaciones se encuentran aún en fases tempranas, como la fase I, orientada a medir la seguridad en individuos sanos, dejando a los pacientes actuales sin opciones preventivas específicas.

Deja una respuesta