Pedro Sánchez ha optado por endurecer su discurso electoral en plena precampaña y en un momento especialmente delicado para el Gobierno. Apenas unas horas después de conocerse nuevas encuestas que consolidan una amplia mayoría parlamentaria para PP y VOX, el líder socialista ha asegurado desde Tarragona que la "ola de la ultraderecha se está desmoronando" y ha llamado a sus votantes a movilizarse de cara a las elecciones del 29 de noviembre.
Sánchez dice que «en lo peor de la ola ultraderechista del mundo, España ha sido el faro»: «Este 29-N les vamos a decir que España se gobierna desde España, no desde Washington, Tel Aviv, Buenos Aires. No va a ser el patio trasero de la internacional ultraderechista». Son los eslóganes del miedo que ya vaticinó LA BANDERA que utilizaría Sánchez cuando anticipamos en exclusiva el adelanto electoral para noviembre.
Accidente Urda
Sin embargo, las declaraciones del presidente contrastan con un panorama político cada vez más complicado para el PSOE. La crisis generada por el accidente ferroviario de Urda, que costó la vida a 69 personas, la dimisión de Óscar Puente y las crecientes dudas sobre la gestión de las infraestructuras han erosionado la recuperación electoral que los socialistas venían exhibiendo durante las últimas semanas.
Lejos de asumir autocríticas por la situación ferroviaria, Sánchez volvió a centrar gran parte de su intervención en atacar a Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal. El presidente defendió que los movimientos conservadores y patrióticos están retrocediendo a nivel internacional y pronosticó que el mismo fenómeno se producirá en España el próximo 29 de noviembre.
El argumento resulta llamativo porque llega precisamente cuando la mayoría de los sondeos publicados durante los últimos días sitúan a PP y Vox en posición de alcanzar una cómoda mayoría absoluta. Algunas encuestas conceden incluso al bloque alternativo más de 200 diputados, una ventaja histórica respecto al bloque de izquierdas.
Triunfalismo vs. realidad
También llamó la atención la distancia entre el discurso triunfalista de Sánchez y la realidad política que atraviesa su Gobierno. Mientras el presidente hablaba de avances y progreso, evitó referirse a los sucesivos escándalos judiciales que afectan al entorno socialista, a la crisis migratoria que continúa golpeando territorios como Canarias o Ceuta, o al creciente malestar social provocado por el acceso a la vivienda y el aumento del coste de la vida.
En materia ferroviaria, Sánchez intentó defender su actuación tras la tragedia de Urda asegurando que lo importante es la respuesta política ante las catástrofes. Además, atribuyó parte de los problemas actuales de las infraestructuras a los recortes realizados tras la crisis económica de 2008 por Mariano Rajoy, una explicación que la oposición considera insuficiente después de ocho años de gobiernos socialistas y de los miles de millones invertidos en el sector.
El presidente aprovechó igualmente el acto para insistir en algunas de sus principales promesas electorales, como blindar el aborto en la Constitución y seguir incrementando el salario mínimo. Pero más allá de los anuncios, el mensaje estuvo marcado por la preocupación creciente en las filas socialistas ante unas encuestas que continúan alejando a Sánchez de una posible reelección.
Mientras el PSOE intenta movilizar a su electorado recurriendo una vez más al miedo a la derecha y a Vox, la oposición interpreta este endurecimiento del discurso como la prueba de que el presidente entra en la campaña a la defensiva. Con Urda aún muy presente en el debate público y los sondeos dibujando una mayoría sólida para Feijóo y Abascal, Moncloa afronta probablemente el momento más complicado de toda la precampaña.





















