La cobertura internacional del trágico accidente ocurrido el pasado 28 de octubre en Urda (Toledo) ha alcanzado un tono especialmente duro en Japón contra el Gobierno del Sanchismo, contra el PSOE.
Medios de gran prestigio como Nikkei, Asahi y Japan Times han dedicado minuciosos análisis al siniestro en el que un tren AVE de Renfe embistió por detrás a un convoy de Iryo detenido en la misma vía, dejando un trágico balance de 69 fallecidos y más de 200 heridos. El interés en el país asiático se ha disparado tras confirmarse que dos de las víctimas mortales eran ciudadanos japoneses.
Las informaciones niponas centran sus críticas en la gestión del centro de control de Adif en la estación de Atocha y en el fallo del sistema de señalización LZB.
Según detallan los informes a los que también han tenido acceso los medios japoneses, tras la caída del sistema principal, el centro de control autorizó al AVE a reanudar la marcha a velocidad normal (entre 160 y 200 km/h) a lo largo de 25 kilómetros en lugar de aplicar el protocolo de marcha a la vista, hasta colisionar con el tren detenido.
Red de alta velocidad de Japón
El análisis en Japón contrasta severamente esta gestión con el impecable historial del Shinkansen, su red de alta velocidad que no ha registrado una sola muerte de pasajeros por colisión o descarrilamiento desde su inauguración en 1964.
La prensa japonesa subraya que la diferencia radica en una auténtica cultura de seguridad basada en múltiples capas de protección, protocolos inflexibles en situaciones degradadas y una prioridad absoluta al mantenimiento preventivo.
Para los observadores asiáticos resulta incomprensible la sucesión de dos catástrofes de esta magnitud en menos de un año en la alta velocidad española, tras el accidente de Adamuz (Córdoba) el pasado enero con 46 víctimas. El debate ha dejado una sentencia contundente sobre la infraestructura española: en materia de seguridad y prevención del error humano, «están en la edad de piedra».






















