Óscar Puente abandonó este martes el Ministerio de Transportes como llegó a gran parte de la opinión pública: a golpe de mensaje en redes sociales. Horas después de anunciar su dimisión y recibir el respaldo de Pedro Sánchez y de varios miembros del Gobierno, el ya exministro eligió X para lanzar una despedida tan simbólica como polémica.
Puente compartió una viñeta de Forges que cuestiona el tópico de que "todos los políticos son iguales", acompañándola únicamente de una breve frase: "Hoy es un día para recordar al gran Forges". Un mensaje que desde las filas socialistas fue interpretado como una reivindicación de su trayectoria política y de su salida del Ejecutivo.
Sin embargo, la publicación no ha sido recibida de la misma manera por todos. En redes sociales proliferaron las críticas de quienes consideran que no era momento para bromas, ironías ni mensajes de autohomenaje después de que la presión política derivada de los accidentes ferroviarios de Adamuz y Urda acabara precipitando su dimisión.
Desconexión del dolor de las familias
Para muchos usuarios, la imagen transmitía una sensación de desconexión respecto al dolor de las familias afectadas y a la enorme controversia generada en torno a la gestión de la seguridad ferroviaria. No fueron pocos los comentarios que reprocharon al exministro que dedicara sus primeras horas fuera del cargo a reivindicarse personalmente en lugar de centrar su mensaje en las víctimas.
La polémica encaja además con el perfil político que ha acompañado a Puente durante toda su etapa ministerial. Convertido en uno de los dirigentes más activos y combativos en X, el vallisoletano hizo de la confrontación digital una de sus señas de identidad, acumulando enfrentamientos con periodistas, opositores y usuarios anónimos.
Sus detractores sostienen ahora que su despedida confirma esa misma forma de entender la política: más pendiente del relato y de las redes que de asumir el impacto político y humano de dos tragedias que marcaron el final de su carrera ministerial. Para ellos, la viñeta de Forges no fue un homenaje, sino el último acto del que durante años fue conocido como el "ministro tuitero".






















