Las consecuencias de la tragedia ferroviaria de Urda continúan sacando a la luz el malestar existente dentro de Adif. Varios responsables de circulación, conocidos habitualmente como controladores ferroviarios, denuncian a El Debate ahora una estructura marcada durante décadas por el enchufismo, los nombramientos discrecionales y las represalias contra quienes no forman parte de determinados círculos internos de poder.
"Esto ha sido una finca privada y particular", resume con contundencia uno de estos trabajadores, que ha decidido mantener el anonimato por temor a posibles consecuencias laborales. Su testimonio dibuja un panorama interno muy alejado de la imagen de neutralidad y profesionalización que proyecta oficialmente el gestor público de infraestructuras ferroviarias.
Según relatan fuentes de los Centros de Regulación y Control (CRC), durante años muchos puestos de responsabilidad habrían estado condicionados por relaciones familiares, favores personales y conexiones internas. Los trabajadores denuncian que la promoción profesional no siempre habría dependido de los méritos o la experiencia, sino de la cercanía a determinadas estructuras de poder dentro de la organización.
Las mismas fuentes sostienen que esta cultura interna ha perdurado incluso después de la incorporación de nuevos profesionales a través de ofertas públicas de empleo. Aunque reconocen avances en los sistemas de selección, aseguran que todavía existen puestos especialmente codiciados cuya adjudicación continúa generando sospechas entre parte de la plantilla.
El clima se ha agravado tras el accidente de Urda. Muchos trabajadores consideran que el controlador de Atocha señalado públicamente por su intervención en la reanudación de la circulación ha sido convertido en un objetivo mediático antes de que concluyan las investigaciones oficiales.
Sensación de vulnerabilidad
"Podría haber sido cualquiera de nosotros", aseguran varios profesionales del sector, que critican que la empresa no haya defendido con más firmeza la presunción de inocencia de su compañero. La sensación de vulnerabilidad se ha extendido entre los responsables de circulación, convencidos de que cualquier error operativo puede desembocar en una exposición pública inmediata.
Uno de los aspectos que más inquietud ha generado es la polémica filtración de los audios relacionados con la circulación de trenes el día del accidente. Según explican trabajadores consultados, las grabaciones están almacenadas en sistemas internos a los que tienen acceso distintos niveles de mando dentro de Adif para labores de supervisión y control operativo.
El episodio ha abierto un intenso debate sobre la seguridad de esos registros y sobre la protección de los profesionales ferroviarios. El colectivo de responsables de circulación denuncia que no se trata de un caso aislado y que filtraciones similares ya se habrían producido con anterioridad.
Tensiones internas
Las tensiones internas llegan en uno de los momentos más delicados para Adif y para el sistema ferroviario español. Con varias investigaciones abiertas sobre la tragedia de Urda y crecientes interrogantes sobre la gestión de la seguridad ferroviaria, las denuncias de los controladores añaden un nuevo frente de presión sobre una organización que afronta una de las mayores crisis de su historia reciente.
Mientras tanto, los trabajadores ya han advertido de que no descartan movilizaciones, acciones sindicales e incluso medidas legales para proteger a sus compañeros y exigir cambios profundos en la estructura interna del gestor ferroviario.




















