Varios inmigrantes en situación irregular han sido sorprendidos pescando carpas en el embalse del Renegado, en Ceuta, para llevárselas en bolsas de plástico y consumirlas, según ha podido documentarse este 8 de septiembre. La práctica, además de estar terminantemente prohibida por motivos sanitarios, expone a quienes la realizan a un riesgo real para su salud.
Capturas a mano y sin ningún control sanitario
Los hechos han sido presenciados por vecinos de la zona, que han alertado de cómo varios de los inmigrantes que protagonizaron la entrada masiva de finales de julio acceden con frecuencia al embalse para pescar carpas con sus propias manos, introduciendo después las capturas en bolsas de plástico para su consumo posterior.
Un riesgo sanitario que nadie está evaluando
Ni el agua del embalse ni los peces que en él habitan pasan ningún tipo de análisis sanitario antes de su eventual consumo humano, precisamente porque la pesca y el consumo de estos ejemplares está estrictamente prohibido por motivos de seguridad alimentaria. Consumir pescado procedente de estas aguas puede provocar enfermedades graves, un riesgo que quienes realizan estas capturas parecen asumir sin ningún tipo de información ni control.
Un embalse sin vigilancia pese a ser propiedad pública
Pese a tratarse de un espacio de titularidad estatal, gestionado por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir y bajo la responsabilidad de la Delegación del Gobierno, el embalse no cuenta con ningún tipo de vigilancia o protección efectiva que impida este tipo de accesos irregulares. No se ha implementado, hasta la fecha, ninguna medida preventiva pese a que este tipo de incidentes ya se han documentado en más de una ocasión.
No es la primera vez: ya hubo un caso con un ave protegida
Este episodio recuerda a otro registrado semanas atrás en el mismo embalse, cuando un inmigrante en situación irregular fue sorprendido capturando un ánsar, un ave acuática protegida, en la misma zona. La repetición de este tipo de incidentes evidencia la falta de control efectivo sobre un espacio que, en teoría, debería estar completamente vedado al acceso público.
Este tipo de episodios se suma a otros que reflejan cómo la presión migratoria ha desbordado la capacidad de control de las autoridades en distintos puntos de la ciudad, en línea con lo ocurrido semanas atrás cuando inmigrantes llegaron a ocupar colegios de Ceuta durante las noches a pocos días del inicio del curso escolar.
El malestar vecinal, cada vez más evidente
Los vecinos de la zona han mostrado su malestar ante lo que consideran un doble rasero evidente: mientras la población civil se enfrenta a restricciones estrictas para acceder al embalse, los inmigrantes en situación irregular incumplen sistemáticamente el cierre perimetral y las normas de seguridad sin que, hasta el momento, se hayan derivado consecuencias visibles de estos incumplimientos reiterados. La falta de vigilancia efectiva en un espacio de titularidad pública vuelve a poner de manifiesto las carencias en el control del territorio ceutí semanas después de la entrada masiva del pasado julio.






















