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Juanma Moreno pierde la mayoría

El PP ha perdido su penúltimo bastión: Andalucía. A pesar de las campañitas sincronizadas contra Vox de los últimos meses, el “todos contra Vox” es algo cada vez más generalizado, pero ni con esas son capaces de debilitar al partido de Santiago Abascal. El PP tiene varios problemas y se equivoca, una vez más, en la estrategia. No acaban de enterarse de que, por mucho que intenten erosionar a los de Bambú 13, los posibles votos que pierde Vox no van al Partido Popular; de hecho, muchos de ellos van a parar a SALF.

Se equivocan una y otra vez renunciando a hacer campaña electoral, como ya hizo Feijóo en su día, y de aquellos polvos vienen estos lodos. No puedes salir a jugar la final de la Champions pensando que ya has ganado, porque luego pasa lo que pasa; y, si no, que se lo digan a la mejor selección de Brasil de la historia en aquel Mundial contra Francia. Lo que hemos podido comprobar con el resultado electoral de las elecciones andaluzas es que la izquierda se moviliza, mientras el PP desmoviliza a su electorado dando a entender que la victoria es segura. Craso error.

El problema de Feijóo

Pero el mayor problema que tienen los de Feijóo es que utilizan a medios afines y a tuiteros obsesionados y despechados, con menos carisma y tirón que María Jesús Montero en un mitin de la Falange. Pero claro, estos parásitos y aspirantes a parásitos nunca les van a decir la verdad, porque cuando el trabajo no sale bien, como ha pasado en Andalucía, intentan justificarlo con argumentos como el de “Vox no crece como sus homólogos europeos”, demostrando que son pura fachada y que poco conocen la idiosincrasia de cada región de España.

Son analistas de sillón, de esos que creen saber qué hay que hacer y qué debes votar, pero que no tienen ni puñetera idea de lo que es España ni de cómo son los españoles. Pero eso no importa; les sostiene una falacia de autoridad endogámica que utilizan para retroalimentarse entre ellos, mientras desprecian a todos los que no comparten su opinión. Una vez más, no nos hemos equivocado en la lectura de estos comicios.

Al hilo de la comparativa absurda que usan estos periodistas de redacción tuitera, la única provincia de Andalucía que comparte en gran parte la problemática que tienen muchos países europeos es Almería, y ahí Vox ha obtenido un 23,19 % del voto. ¿Por qué? Es sencillo: porque a más inmigración y a mayor pérdida de identidad, más crece el voto de la derecha. De ahí se nutren los partidos homólogos a Vox en Europa. No hay más, pero no se quieren enterar. No les interesa, porque se pueden quedar sin comer.

El relato no se sostiene

Estos días verán a muchos periodistas y opinadores analizando lo ocurrido, pero, a grandes rasgos, el análisis de los comicios andaluces será siempre el mismo: “Frenazo de Vox” o “Vox no puede exigir entrar en el Gobierno porque Juanma Moreno duplica en porcentaje de votos a ‘Mopongo’”. La realidad es la que es: el único partido que crece es Vox, mientras el PP se estanca. No suma, no ilusiona, y eso que tienen al peor PSOE de la historia en Moncloa. Pero, ¿qué pasaría si antes de las generales el PSOE se reformulara con otras caras visibles y otro candidato a la presidencia? Sánchez se irá, y el PSOE algún día volverá a gobernar España.

¿Por qué lo sé? Es sencillo: porque el PP nunca ha querido acabar con el partido del puño y la rosa. Se necesitan, se retroalimentan, porque el objetivo real no es el poder, sino mantener el sistema bipartidista. Se vive muy bien turnándose en el poder.

Pero ojo, Vox tampoco puede dormirse en los laureles. Debe analizar bien la situación y ser hábil e inteligente, porque si se deja llevar en estas legislaturas cogobernando, la maquinaria del régimen del 78 lo va a devorar sin piedad. El cambio es posible; complicado, pero posible. Ahora bien, Vox debe saber llegar a la gente a la que todavía no llega y aspirar, en cuatro años, a ser un partido capaz de ganar elecciones a todos los niveles. ¿Cómo? No lo tengo claro.

Pero lo que sí tengo claro es que deben romper el telón de acero que les impide comunicarse usando los medios convencionales para conectar con la ciudadanía. Les urge tener fuerza en los medios autonómicos y acabar con la manipulación.

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