El comodín del «cambio climático» es la carta más usada por la clase política inepta que nos gobierna, tanto a nivel central como autonómico, estos días para justificar los incendios. Hay una inundación y mueren personas: cambio climático. Nieva mucho y la gente queda sepultada: cambio climático. Media España arde: cambio climático.
Es exactamente lo mismo que hacen los progres con el comodín de «Franco», pero con una diferencia: en este caso el PP también juega con esa carta porque, a falta de saber gestionar, es más fácil echarle la culpa a un ente superior e incontrolable.
Por eso vemos espectáculos tan dantescos como el de presenciar en un programa de La Sexta a Andrea Levy afirmar, sin ningún tipo de rubor, que en los últimos quince años el planeta se ha calentado 1,5 grados, cuando en realidad ese es el calentamiento del planeta desde la era preindustrial (1850-1900), es decir, desde hace unos 176 años. Pero da igual. Todos asienten con la cabeza en la mesa de tertulianos —de izquierdas y de derechas— como si el dato fuera real, porque a rojos y azules les interesa sembrar el terror climático para tapar sus carencias como administradores y gestores de los distintos gobiernos. Recuerden a Margallo diciendo aquello de que «la Agenda 2030 es el Evangelio».
Todos sabíamos que este año España iba a sufrir una oleada de incendios. No obstante, ha sido uno de los años más lluviosos; de hecho, tuvimos el enero con más precipitaciones del siglo XXI. No hace falta ser un lumbreras para darse cuenta, con un simple viaje en coche por la península, de que toda esa España que ha estado verde hasta el verano ahora es un puñetero secarral. Y ojo, ni siquiera hace falta adentrarse en el campo: las propias cunetas de las autovías y carreteras están repletas de maleza. Basta una simple colilla y ya la hemos liado.
Esto que os comento aquí debería hacernos reflexionar. ¿Por qué nuestros gobernantes dejan el campo lleno de combustible? ¿Son unos inútiles o unos malvados? Para mí la respuesta es clara: son ambas cosas, inútiles y criminales. Y yo no sé ustedes, pero estoy cansado de las peleítas entre peperos y socialistas con el «y tú más» cada vez que hay una catástrofe en España. Porque mientras Ayuso y Óscar Puente se pelean, la gente sufre.
¿El cambio climático tiene piernas?
Pero volvamos al comodín del «cambio climático». Es un concepto que no acabo de entender muy bien teniendo en cuenta que el 96 % de los incendios en España son provocados por personas. ¿También los envía el cambio climático? Solo este verano hay 40 detenidos por provocar incendios y 119 personas investigadas por este tipo de delitos.
No sé, puede que sea uno de esos negacionistas ultrafascistas de los que tanto hablan, pero no puedo dejar de preguntarme si, quizás, y digo solo quizás, si en este país se permitiera a los campesinos limpiar sus parcelas, a los ganaderos tener ganado, a los agricultores mantener sus cultivos, se limpiaran los bosques y se aprobaran leyes para impedir la implantación de parques de energías renovables en zonas quemadas, a lo mejor no se producirían estos incendios tan terribles que estamos presenciando.
Pero claro, ¿de qué se iba a hablar en verano? ¿De la corrupción del PSOE? ¿Zapatero y sus hijas? ¿Los problemas con la inmigración? ¿Cómo iban muchos bomberos forestales a perder la oportunidad de hacer la performance de todos los años, aprovechando la desgracia para pedir más dinero y mejoras salariales con la primera llama que aparece en un bosque?
España es un país de pandereta, entregado a gente malvada que defiende a los suyos sin importar las circunstancias. A nadie, absolutamente a nadie, le importan una mierda los incendios. Mucha política, muchos intereses y mucho postureo. En septiembre, vuelta a la normalidad; y en el verano de 2027, la misma cantinela.
Asco y aburrimiento.























