Margarita Robles recibe una de las críticas más contundentes surgidas desde las asociaciones profesionales de militares en plena tensión por la situación que atraviesan las Fuerzas Armadas. Marco Antonio Gómez, presidente de la Asociación de Tropa y Marinería Española (ATME), ha denunciado en una entrevista concedida a David Santos que los militares se sienten «abandonados» por la titular de Defensa, a la que reprocha que, según su testimonio, lleve cinco años sin acudir al Consejo de Personal de las Fuerzas Armadas.
Gómez no cuestiona la faceta personal de Robles. Al contrario, relata un episodio especialmente delicado de su propia vida para reconocer públicamente la preocupación que mostró la ministra cuando sufrió un infarto. Precisamente por eso, su crítica adquiere un carácter estrictamente político y profesional: sostiene que aquella cercanía personal no se ha trasladado a la gestión de los problemas que afectan a tropa y marinería. «Señora ministra, me tiene abandonado, nos tiene abandonados a todos», asegura que llegó a trasladarle directamente.
«En lo personal es muy humana»
El presidente de ATME establece una separación tajante entre la persona y la ministra. Gómez explica durante la conversación con David Santos que sufrió un infarto por estrés laboral, reconocido según su testimonio como acto de servicio, y recuerda que Robles se interesó personalmente por su evolución mientras permanecía ingresado en la UCI.
«La ministra en lo personal es muy humana, muy humana», afirma. Según relata, Robles llamó a su mujer «todos los días» para interesarse por su estado y posteriormente mantuvo contacto directamente con él. «Se preocupó por un humilde cabo primero», reconoce Gómez, que descarta que contar este episodio responda a un intento de «dorarle la píldora» a la responsable de Defensa.
La valoración cambia radicalmente cuando aborda su gestión ministerial. «En lo profesional nosotros le hemos dicho que nos sentimos abandonados», sentencia el presidente de ATME durante la entrevista. La asociación considera que algunos de los principales problemas de la escala de tropa y marinería continúan enquistados pese al incremento del gasto militar y a las inversiones anunciadas durante los últimos años.
Cinco años sin acudir, según Gómez
Uno de los principales reproches formulados durante la conversación afecta al Consejo de Personal de las Fuerzas Armadas. Gómez sostiene que Margarita Robles lleva cinco años sin acudir a este órgano, que ella preside, y recuerda que es precisamente allí donde las asociaciones profesionales pueden trasladar los problemas que afectan a sus representados.
«Ahí es donde yo voy a contarle todos los problemas como lo que hablo contigo: instalaciones, personal, comida... Si no los escucha, si no va, ¿cómo quiere arreglar los problemas de las Fuerzas Armadas?», pregunta.
La denuncia de ATME contra la gestión de Margarita Robles se extiende además a las expectativas generadas cuando la ministra llegó al departamento. Gómez asegura que creyó «a pies juntillas» en ella porque prometió cambiar las Fuerzas Armadas y mantener un contacto con sus representantes que superase el «encorsetamiento» del propio Consejo de Personal. El presidente de ATME afirma que aquella expectativa se ha desvanecido con los años.
«Un soldado gana 1.326,90 euros»
El salario aparece como uno de los grandes focos de malestar. Gómez asegura que un soldado o marinero puede encontrarse apenas un centenar de euros por encima del salario mínimo y sitúa en 1.326,90 euros el sueldo que utiliza como referencia para denunciar la precariedad de determinados miembros de tropa.
«¿Qué hay más grave que un soldado o marinero esté apenas 100 euros por encima del Salario Mínimo Interprofesional?», pregunta durante la entrevista. A ello añade una segunda reivindicación histórica: la temporalidad de los militares que no consiguen adquirir una relación de servicios de carácter permanente.
Su descripción resulta especialmente gráfica: «Tú formas a una persona desde los 18 a los 45 y luego le dices: “Hasta luego, Lucas, vete a la calle y búscate la vida”». El problema de los 45 años deriva del modelo de compromiso de larga duración de la tropa y marinería temporal, que contempla el pase a reservista de especial disponibilidad al alcanzar esa edad para quienes no hayan logrado la permanencia.
La combinación entre retribuciones, temporalidad y condiciones profesionales lleva a Gómez a advertir de una pérdida de atractivo de la carrera militar.
Dejar el Ejército por Policía o Guardia Civil
El presidente de ATME asegura que algunos soldados le han comunicado su intención de buscar una salida profesional cuando termine la situación excepcional de Ceuta. Entre las alternativas menciona pedir otra vacante, abandonar las Fuerzas Armadas o preparar el acceso a la Guardia Civil y la Policía Nacional.
«Me dicen los soldados: “Marco, en cuanto esto pase, yo como pueda pido vacante o me voy”», relata. Gómez sostiene que los militares observan las condiciones laborales y los mecanismos de representación existentes en otros cuerpos y consideran que las Fuerzas Armadas se encuentran en desventaja.
La denuncia de ATME contra la gestión de Margarita Robles aparece aquí ligada a una cuestión que va más allá de las nóminas. Gómez advierte de que comprar fragatas, aeronaves o carros de combate no resolverá por sí solo las necesidades de Defensa si España no consigue incorporar y retener al personal necesario para manejarlos.
Los 24 militares contagiados de sarna
Ceuta proporciona uno de los ejemplos más recientes utilizados por ATME para cuestionar las condiciones de servicio. El Ejército de Tierra confirmó en agosto 24 casos de sarna entre militares de la Comandancia General de Ceuta, precisando que dos eran anteriores a la entrada masiva del 30 de julio. Defensa desvinculó los contagios del contacto con los inmigrantes y activó medidas sanitarias para los afectados y para prevenir nuevos casos.
ATME reaccionó cuestionando la explicación oficial. Si Defensa descartaba el contagio por contacto con los inmigrantes, la asociación reclamó aclarar si las condiciones higiénicas de las instalaciones militares podían explicar lo sucedido. También aseguró haber solicitado información formalmente sin recibir inicialmente una contestación escrita o verbal.
Gómez endurece esa crítica durante la conversación con Santos y denuncia que militares fueron introducidos en instalaciones en desuso. La asociación ha convertido el estado de los alojamientos, los protocolos sanitarios y las condiciones de los efectivos desplazados a Ceuta en uno de sus principales frentes ante Defensa.
«¿Por ser militar tengo que ser un perro?»
Es precisamente al hablar de esas condiciones cuando Gómez pronuncia algunas de las frases más duras de toda la entrevista. Rechaza el argumento de que la vocación militar implique aceptar cualquier condición laboral simplemente porque el profesional conocía los sacrificios inherentes al Ejército cuando ingresó.
«¿Entonces por ser militar tengo que ser un perro? ¿Tengo que tirarme al suelo y comer porquería, dormir como cualquiera, contagiarme de sarna y todo lo que me está pasando y encima cobrar una miseria?», pregunta.
El presidente de ATME insiste en que la preparación militar permite soportar situaciones extremas cuando una operación lo requiere, pero diferencia esas circunstancias de unas condiciones deficientes que considera evitables. «Yo puedo aguantarte 48 horas, 72, sin comer, sin dormir», explica antes de recordar que el militar «es tan humano» como cualquier ciudadano.
La denuncia de ATME contra la gestión de Margarita Robles alcanza así uno de sus puntos más delicados: la asociación no discute las órdenes operativas, sino el trato y los medios proporcionados a quienes deben ejecutarlas.
Gómez desafía una posible sanción
El presidente de ATME también reconoce que su posición pública puede generarle problemas dentro de las Fuerzas Armadas. Los militares están sometidos a un régimen específico y las asociaciones profesionales no funcionan como sindicatos convencionales.
Gómez asegura que le quedan seis años de servicio antes de pasar a la reserva y afirma que continuará denunciando aquello que considere perjudicial para sus compañeros. «Si alguna vez la ministra quiere sancionarme, lo tiene muy fácil: que me sancione», declara. Añade que se defendería si considera injusta una eventual medida disciplinaria.
El presidente de ATME sostiene que las limitaciones inherentes a su condición militar le impiden pronunciarse sobre determinadas cuestiones, especialmente sobre las decisiones operativas de Defensa. Su margen, explica, consiste en denunciar aquello que afecta a la vida profesional, familiar o personal de los militares.
De las promesas al «abandono»
Gómez resume su desencanto recordando las expectativas que depositó en Robles cuando llegó al Ministerio. Asegura que la creyó cuando manifestó su voluntad de transformar las Fuerzas Armadas y facilitar una interlocución más directa con sus profesionales.
Años después, sostiene que la realidad está muy alejada de aquella promesa. «¿Dónde está esa preocupación que a mí me dio a entender en el minuto uno si luego en lo profesional no la he vuelto a ver?», se pregunta.
Y remata con una frase dirigida directamente a las promesas políticas: «Uno es esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios. Entonces no lo digas. Si no lo vas a cumplir, no lo digas».
La denuncia de ATME contra la gestión de Margarita Robles combina así dos retratos difíciles de conciliar. Marco Antonio Gómez agradece públicamente la humanidad que, asegura, mostró la ministra durante uno de los momentos más graves de su vida, pero considera que esa sensibilidad no ha llegado a los problemas profesionales que arrastra la tropa. Y ahí sitúa su acusación fundamental: «Nos tiene abandonados a todos».





















