El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha calificado este martes como una «sensación de inseguridad subjetiva» el temor que manifiestan los vecinos de Ceuta después de la entrada masiva de inmigrantes registrada los días 30 y 31 de julio. Durante su visita a la ciudad autónoma, el responsable de Interior ha asegurado comprender la preocupación de la población, pero ha defendido que los indicadores objetivos de criminalidad no respaldan, a su juicio, la percepción de un deterioro equivalente de la seguridad.
«Entendemos perfectamente ese sentimiento de inseguridad subjetiva por lo vivido», ha señalado Marlaska. El ministro ha insistido posteriormente en la misma idea al afirmar que es una «preocupación máxima revertir esa sensación de inseguridad subjetiva». Sus declaraciones llegan algo más de un mes después de un episodio fronterizo sin precedentes, con decenas de miles de entradas irregulares en apenas dos jornadas y con varios miles de personas permaneciendo inicialmente en la ciudad. La visita de Marlaska a Ceuta y sus palabras sobre seguridad han sido recogidas este martes por distintos medios nacionales y locales.
Marlaska defiende los datos anteriores
El argumento utilizado por Interior descansa principalmente en las estadísticas disponibles antes del 30 de julio. Según Marlaska, las ratios objetivas de criminalidad de Ceuta habían experimentado un descenso «relevante» y, antes de aquella jornada, se encontraban siete puntos por debajo de la media nacional. Con ese dato, el ministro ha tratado de separar la percepción de inseguridad que existe actualmente entre parte de la población de los indicadores estadísticos con los que trabajaba su departamento.
La inseguridad subjetiva en Ceuta según Marlaska sería, por tanto, una percepción condicionada por la excepcionalidad de lo vivido desde finales de julio. El ministro ha reconocido expresamente la preocupación de los vecinos y ha elogiado el «talante de la población ceutí», así como su «entereza y empatía» ante una situación que ha definido como compleja.
El problema para establecer una comparación completa reside en el periodo temporal. Los datos anteriores al 30 de julio permiten conocer cómo evolucionaba la criminalidad antes de la entrada masiva, pero no bastan por sí solos para determinar cuál ha sido el impacto posterior. Para hacerlo será necesario disponer de estadísticas consolidadas que cubran agosto y los primeros días de septiembre y permitan compararlas con periodos equivalentes.
Más de 1.200 detenciones en agosto
Existen, sin embargo, otros indicadores posteriores al 30 de julio que muestran una fuerte presión sobre los servicios policiales y judiciales. Durante agosto, el número de personas detenidas en Ceuta superó las 1.200 y prácticamente duplicó el registrado durante el mismo mes de 2025, según datos publicados por El Pueblo de Ceuta. El medio señala además un incremento muy importante de los ingresos en prisión provisional.
Ese dato no equivale automáticamente a la tasa oficial de criminalidad. Una detención tampoco significa que la persona arrestada sea culpable del delito investigado y una misma operación policial puede alterar las comparaciones mensuales. Pero sí constituye un indicador relevante para contextualizar el debate abierto por las palabras del ministro.
Por eso, la inseguridad subjetiva en Ceuta según Marlaska convive actualmente con datos policiales posteriores a la entrada masiva que muestran una actividad excepcional. Será el próximo balance consolidado de criminalidad el que permita determinar con mayor precisión hasta qué punto el incremento de actuaciones policiales se ha traducido en un aumento de las infracciones penales registradas.
Más de 550 agentes desde el 30 de julio
El propio despliegue ordenado por Interior refleja la magnitud de la situación. Marlaska ha explicado que el Gobierno ha aumentado en más de un 16% el número de efectivos de Policía Nacional y Guardia Civil destinados a la ciudad y que desde el 30 de julio se han incorporado más de 550 efectivos.
«Ese es nuestro trabajo prioritario, la seguridad de las fronteras, implementando medios, garantizar la seguridad de todos los ceutíes y finalmente aplicar la ley de extranjería en parámetros de legalidad», ha afirmado el ministro.
Interior ya había desplegado durante agosto un dispositivo policial extraordinario para afrontar las consecuencias de la entrada masiva y prevenir nuevos intentos de acceso. A mediados de ese mes todavía permanecían en Ceuta miles de personas pendientes de que se resolviese su situación administrativa, mientras Policía Nacional y Guardia Civil trabajaban en labores de identificación, vigilancia fronteriza y seguridad ciudadana.
La visita de este martes estaba programada oficialmente por Interior e incluía el paso del ministro por el Centro de Acogida Temporal de Extranjeros provisional habilitado en el polígono industrial de El Tarajal.
Ceuta todavía busca la normalidad
Las consecuencias del 30 y 31 de julio han trascendido además el ámbito estrictamente policial. La actividad económica de Ceuta también se ha visto golpeada durante las últimas semanas. Comerciantes, hosteleros y empresarios han denunciado importantes pérdidas de facturación y un deterioro de la confianza después de unas jornadas que alteraron completamente el funcionamiento de la ciudad.
Estimaciones empresariales recogidas recientemente cifran en más de 33 millones de euros las pérdidas directas del sector privado, mientras el gasto público extraordinario habría alcanzado ya unos 80 millones. Algunos negocios llegaron a registrar desplomes de facturación de hasta el 70%, mientras la demanda turística sufrió una contracción mucho mayor en determinados momentos.
Ese escenario ayuda a explicar por qué la inseguridad subjetiva en Ceuta según Marlaska se ha convertido rápidamente en una de las frases políticas de la jornada. La percepción ciudadana no se limita necesariamente a la posibilidad estadística de sufrir un delito: puede incorporar también el impacto de haber presenciado una entrada fronteriza excepcional, la presencia de miles de personas sin alojamiento estable y las alteraciones económicas y sociales posteriores.
Marlaska promete recuperar la normalidad
El ministro ha defendido que el Gobierno continúa trabajando para devolver progresivamente la normalidad a Ceuta, aunque ha evitado comprometer una fecha concreta. «No me gusta hablar de fechas, sino ver cómo momento a momento, día a día vais a ver una evolución muy favorable en los procesos de triaje y demandas de protección internacional», ha explicado.
Marlaska también ha descartado utilizar procedimientos que puedan vulnerar las garantías legales de las personas sometidas a expedientes de extranjería. Interior, ha señalado, no recurrirá a ningún «atajo que conduzca a la ilegalidad o que conlleve una limitación indebida de los derechos y libertades fundamentales».
El Gobierno se enfrenta mientras tanto a una complicada gestión administrativa. Incluso las cifras de menores identificados tuvieron que corregirse durante agosto después de que Interior reconociera un problema informático que había provocado duplicidades en los expedientes policiales. Tras depurar los registros, fuentes ministeriales situaron el número en aproximadamente 1.500 menores, mientras el Gobierno ceutí manejaba estimaciones superiores.
La seguridad entra de lleno en el debate político
Las palabras de Marlaska llegan además cuando la situación de Ceuta ha adquirido dimensión nacional y europea. El presidente de la ciudad, Juan Jesús Vivas, ha trasladado este martes a Bruselas la necesidad de una mayor implicación comunitaria y ha descrito la situación de Ceuta como una «olla a presión», reclamando más apoyo europeo, presencia de Frontex y recursos para afrontar las consecuencias de la entrada masiva.
La diferencia entre ambas formulaciones resulta evidente. Mientras Marlaska insiste en diferenciar las cifras objetivas de criminalidad de la percepción ciudadana, las autoridades ceutíes continúan reclamando medidas excepcionales ante una situación que consideran igualmente excepcional.
La expresión inseguridad subjetiva en Ceuta según Marlaska será especialmente controvertida porque llega en un momento en el que la ciudad todavía mantiene un dispositivo policial reforzado y continúa gestionando las consecuencias de julio. El ministro sostiene que esa sensación debe ser atendida y revertida, pero también defiende que no debe confundirse automáticamente con las estadísticas de criminalidad.
La respuesta definitiva a esa discusión llegará con los datos. Los balances consolidados posteriores al 30 de julio permitirán comprobar si el fuerte incremento de detenciones y actuaciones policiales se corresponde también con un aumento significativo de los delitos registrados. Hasta entonces, Marlaska mantiene su tesis: el Gobierno reconoce el miedo de una parte de los ceutíes, pero lo define como una «sensación de inseguridad subjetiva».





















