El ministro de Transportes, Óscar Puente, ha vuelto a ser protagonista de un episodio de agresividad verbal y desprecio hacia la prensa, esta vez contra la periodista Ketty Garat, colaboradora de Horizonte y una de las profesionales más reconocidas en el periodismo de investigación político. En la red social X, Puente respondió a una publicación de Garat —en la que la periodista analizaba el papel de José Luis Rodríguez Zapatero en los informes policiales sobre Ceuta— con una frase que ha desatado indignación:
“Para este tipo de mierdas ficharon a Ketty. Menudo upgrade el de ABC.”
Puente: grosero y machista
El comentario, de tono grosero y machista, ha sido interpretado como un nuevo ataque personal del ministro hacia una mujer periodista, algo que no es la primera vez que ocurre. Puente ya había protagonizado enfrentamientos similares con otras comunicadoras, mostrando un patrón de hostilidad hacia voces críticas y un desprecio sistemático hacia quienes no comulgan con el discurso del Gobierno.
La respuesta no se hizo esperar. El corresponsal de ABC y colaborador de Horizonte, David Alandete, estalló públicamente contra el ministro:
“Tiene todos los defectos y ni una sola virtud: zafio, grosero, ignorante, soberbio, sectario y lleno de odio. Que alguien así sea ministro del Reino de España es prueba de una degradación muy profunda y de muy difícil solución.”
El Gobierno que normaliza el desprecio
Las palabras de Alandete reflejan el malestar creciente entre periodistas y analistas ante el clima de intolerancia que se percibe desde el Ejecutivo hacia los medios independientes. Desde el entorno socialista, algunos dirigentes han llegado a tachar de “fachas y buitres” a quienes siguen programas como Horizonte, alimentando una narrativa de odio ideológico que divide a la sociedad y desprecia la crítica legítima.
Este nuevo episodio confirma la deriva comunicativa de Puente: un estilo bronco, insultante y personalista, impropio de un ministro del Reino de España. Su comportamiento no solo erosiona la imagen institucional del Gobierno, sino que normaliza el desprecio hacia la prensa libre, un pilar esencial de la democracia.




















