Hay espectáculos televisión que rozan el arte conceptual, y luego están las intervenciones de Álvaro López. El periodista —que se define a sí mismo en redes con el adjetivo «peripatético», dando muestra de un inusitado e involuntario acierto en el diagnóstico— volvió a regalar este mediodía en el plató de En boca de todos una de esas exhibiciones de equilibrismo ideológico que solo la pedagogía de Podemos es capaz de engendrar.
El debate giraba en torno a la última algarada de la ultraizquierda, esta vez con la hermosa ciudad de La Coruña como escenario. Un grupo de simpáticos demócratas embozados, armados con el habitual Kit del Manifestante Pacífico™ —bengalas, adoquines y un entusiasmo conmovedor por el mobiliario urbano—, decidió sembrar el caos a las puertas de un acto de VOX. Para López, sin embargo, la escena requería una interpretación mucho más matizada y poética.
La culpa es de la Policía
A juicio del tertuliano morado, la protesta era fundamentalmente «pacífica», aunque «en un momento dado algún policía se extralimitó».
Cabe suponer que la «extralimitación» de los agentes consistió en la osadía inaudita de proteger sus propias integridades físicas y evitar que la masa encapuchada arrasara con la calle.
Para la doctrina de la prensa sincronizada, la ecuación es sencilla: si un radical lanza una bengala contra un furgón, la culpa no es del brazo que ejecuta la pedrada, sino del casco policial que interfiere torpemente en la trayectoria del proyectil.
Pero el plato fuerte de la velada aún estaba por llegar. En una cabriola dialéctica digna de estudio sociológico, López logró señalizar con el dedo al culpable intelectual de los destrozos: VOX.
Y también de Franco
Poco importa que ni Santiago Abascal ni sus simpatizantes participaran en la quema de contenedores ni en las patadas a los agentes; su sola presencia en el mapa político es, al parecer, una provocación intolerable que justifica cualquier estallido de amor democrático. De hecho, pidió públicamente la prohibición de VOX en nuestra democracia. Así, con un par. Es la idea del gremio podemita. Porque en ese mundo morado, el amor y el equilibrio mental y psicológico es lo que prima. Ya sabemos que el amor de verdad está en el PSOE con Pedro ‘Chances’. “Te quiero, Begoña”.
Y como no hay tertulia de la izquierda radical sin su correspondiente viaje al pasado, el periodista terminó apelando al fantasma preferido del imaginario poddemita: Francisco Franco.
López justificó el ardor guerrero de los jóvenes encapuchados asegurando que estas hordas de vándalos actúan movidos por la «memoria», aterrados ante el inminente regreso del «fascismo de PP y VOX».
La llama de la revolución en los contenedores
Una afirmación brillante, sin duda. Resulta profundamente conmovedor imaginar a un chaval de veinte años, con el rostro cubierto por una braga negra y la patada afilada contra el codo de un policía, sufriendo un ataque de melancolía histórica y angustia democrática por los años cuarenta. Es la magia de la juventud actual: no recuerdan dónde dejaron las llaves del coche, pero albergan una vivísima «memoria» en carne propia de lo que era vivir bajo una dictadura militar a mediados del siglo pasado.
El sonrojo entre los espectadores y los propios compañeros de mesa se podía sintonizar en alta definición. Álvaro López volvió a demostrar que, cuando la realidad no encaja con el argumentario oficial del partido, la culpa siempre será de la policía, de la oposición o de un Franco fallecido hace medio siglo.
Todo sea por mantener viva la llama de la revolución... o al menos la del contenedor de la esquina.





















