La histórica Puerta del Sol de Madrid continúa secuestrada por el asentamiento ilegal (legalizado por el Sanchismo y el PSOE) que, un mes después de su instalación, ha degenerado en un auténtico foco de conflictividad, inseguridad e insalubridad pública. Lejos de la imagen idealizada que trataron de proyectar sus impulsores, la masa heterogénea que se atrinchera en esta especie de acampada perrofláutica bajo la maraña de plásticos se halla totalmente descontrolada, desprovista de un liderazgo claro y repartida entre más de cuarenta colectivos radicales con intereses contrapuestos.
Según confirman fuentes de la Policía Nacional, la deriva del campamento sigue el trillado camino marcado en su día por el 11-M, del que hoy solo resta el recuerdo de una casta política que utilizó la calle como trampolín para asaltar las instituciones.
Actualmente, el movimiento inicial de la acampada, que ha generado una absoluta pestilencia en la zoa, ha sido absorbido por la red radical okupa de Madrid y sus denominados «centros sociales autogestionados», imponiendo un clima de tensión constante que ha obligado a redactar de urgencia normativas internas contra la proliferación de peleas, agresiones físicas y violencia machista.
Graves altercados
La gravedad de los acontecimientos alcanzó su punto crítico esta misma semana, cuando las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado tuvieron que intervenir para detener a un individuo de 60 años —con un escalofriante historial delictivo que incluye antecedentes por homicidio doloso— tras encañonar con un cuchillo al cuello a una joven de 18 años dentro del propio recinto.
Paradójicamente, la misma turba radical que insulta e increpa violentamente a los agentes de la Policía Nacional llamándolos «nazis» depende de su rápida actuación para salvar vidas ante la espiral de violencia desatada en el asentamiento.
Imposiciones lingüísticas con alcohol y drogas
El descontrol interno es total. Mientras los acampados aplican sanciones con un lenguaje impregnado de ideología de género e imposiciones lingüísticas —vetando actitudes «gordofóbicas», «mansplaining» o «apropiación cultural»—, permiten el consumo desmedido de alcohol y drogas durante la mayor parte del día, como apunta ABC, restringiendo su prohibición exclusivamente a partir de la medianoche. A este escenario de permisividad se le suma la llegada masiva de perfiles ajenos a la protesta inicial, derivando en un campamento dominado por la ocupación, personas sin hogar e inmigrantes irregulares.
En un claro gesto de alineamiento con las agendas más extremistas, en el recinto se han habilitado puestos para la recogida de ayuda destinada a los inmigrantes que protagonizaron los asaltos masivos a la frontera en Ceuta, ignorando las necesidades de los vecinos de la capital. Mientras acumulan un perjuicio económico que supera ya los 186.000 euros para la red de Metro de Madrid y ahogan el comercio local, los reductos más radicales buscan desesperadamente insuflar oxígeno a su protesta alargando el chantaje hasta la huelga educativa y las vísperas electorales.





















