Ya lo avisó la izquierda política comunista. “No habrá paz en las calles”. Y no lo hay. Eso es lo que le espera a España si gobierna la derecha. Ambiente guerracivilista promovido por el PSOE contra VOX, hoy primero en La Coruña, ahora en Avilés. La delincuencia promovida por el Gobierno de Sánchez está en las calles promoviendo todo tipo de altercados.
La izquierda radical volvió a convertir un acto político de VOX en un escenario de máxima tensión. Avilés vivió este miércoles una tarde marcada por los insultos, las provocaciones y los enfrentamientos entre asistentes al mitin de Santiago Abascal y manifestantes antifascistas que se habían movilizado para intentar boicotear el acto del partido.
Lo que algunos pretendían presentar como una protesta contra VOX terminó con cargas de la Policía Nacional, petardos y mobiliario de las terrazas hosteleras volando por los aires. Una escena que vuelve a poner en cuestión la capacidad de determinados sectores de la izquierda para aceptar que un partido rival celebre un acto político sin tratar de convertirlo en un campo de batalla.
Los momentos más graves llegaron al término del mitin, cuando ambos grupos coincidieron en la calle La Fruta. Tras varios minutos de gritos y provocaciones, un casco blanco salió volando desde el lado de los manifestantes y desencadenó la intervención policial.
Los agentes cargaron contra los manifestantes violentos para separarlos de los asistentes a VOX. Durante los incidentes también volaron sillas, mesas y otros elementos de las terrazas de los establecimientos cercanos, mientras estallaban varios petardos. La Policía Nacional tuvo finalmente que aumentar la distancia entre ambos grupos para recuperar el control de la situación.
Boicotear a Abascal y convertir las calles en un escenario de tensión
La movilización había comenzado antes del mitin. El colectivo Asturias Antifascista convocó una protesta en El Parche aproximadamente media hora antes del acto de VOX, celebrado en la plaza de Camposagrado. A medida que avanzaba el mitin, los manifestantes fueron acercándose por la calle La Fruta hasta situarse cerca de los asistentes.
Los gritos contra Abascal y VOX fueron subiendo de tono. Entre las consignas se escucharon expresiones como «Fuera fascistas de nuestros barrios» y ataques personales contra el líder de la formación. Desde el otro lado también hubo insultos dirigidos a Pedro Sánchez y cánticos políticos.
La diferencia es que una protesta contra un partido no puede convertirse en una excusa para intimidar a sus simpatizantes ni para poner en riesgo a quienes trabajan en los negocios de la zona. El derecho a manifestarse no ampara las agresiones ni el lanzamiento de objetos.
La Policía, obligada a intervenir tras el lanzamiento de un casco
La Policía Local custodiaba a los asistentes al mitin, mientras que la Policía Nacional vigilaba a los manifestantes. Pese al dispositivo, la tensión se disparó cuando el acto ya había terminado y sonaba la música de cierre de VOX.
El lanzamiento del casco precedió a las cargas policiales. La escena acabó incluyendo petardos y mobiliario hostelero desplazado o arrojado, mientras los agentes trataban de impedir que el enfrentamiento fuera a más.
Lo sucedido en Avilés deja una pregunta incómoda para quienes se presentan como defensores de la tolerancia: ¿dónde queda esa tolerancia cuando un partido político que no les gusta intenta celebrar un mitin y sus detractores acuden a contraprogramarlo en un ambiente de creciente hostilidad?
La democracia consiste precisamente en garantizar que las formaciones políticas puedan defender sus ideas sin sufrir intimidaciones. Quienes discrepan de Vox tienen todo el derecho a protestar, pero no a imponer su rechazo mediante la violencia. La libertad política no puede depender de que la izquierda radical conceda permiso para hablar.




















