El Gran Wyoming se ha convertido en uno de los rostros más reconocibles de la izquierda mediática española. Desde ‘El intermedio’, programa que presenta desde 2006, lleva años utilizando el humor y la sátira para criticar a políticos, empresarios, grandes fortunas y determinados sectores de la derecha.
Sin embargo, su propio patrimonio inmobiliario ofrece una imagen muy diferente a la que habitualmente proyectan algunos de sus discursos sobre riqueza, vivienda y desigualdad.
Según la información publicada por The Objective, José Miguel Monzón Navarro, conocido como El Gran Wyoming, posee más de 19 inmuebles repartidos por España, con la mayor parte de sus inversiones inmobiliarias concentradas en la Comunidad de Madrid. Entre sus propiedades figuran pisos en barrios céntricos como Chamberí, Malasaña y el centro histórico, además de locales comerciales, plazas de garaje y otras propiedades destinadas al descanso.
La dimensión de su patrimonio resulta especialmente llamativa porque Wyoming no oculta su condición de gran propietario. De hecho, él mismo ha defendido públicamente su derecho a invertir el dinero obtenido durante décadas de trabajo en aquello que considere oportuno.
"He ganado mucho dinero"
«Llevo 30 años trabajando en televisión y he ganado mucho dinero y lo invierto en lo que quiero», explicó en una entrevista citada por The Objective. El presentador incluso reivindicó que existen personas ricas que pueden ser «buena gente» y aseguró sentirse orgulloso de que le critiquen por su patrimonio.
Y aquí aparece la contradicción que alimenta las críticas contra el comunicador: Wyoming no considera incompatible ser millonario y defender ideas de izquierdas, pero desde su programa dedica buena parte de sus contenidos a cuestionar a quienes acumulan riqueza, especialmente cuando se trata de empresarios, propietarios o personas vinculadas a posiciones políticas contrarias a las suyas.
La cuestión no es, evidentemente, que Wyoming haya ganado dinero trabajando durante más de cuatro décadas. Tampoco que haya decidido invertir sus ahorros en viviendas. Él mismo explica que sus propiedades son fruto de su carrera profesional y que adquirió buena parte de ellas cuando los precios inmobiliarios eran mucho más bajos.
La doble vara de medir
El problema está en la doble vara de medir que muchos críticos perciben cuando un personaje público defiende determinadas políticas sociales mientras disfruta de un patrimonio considerablemente alejado de la situación económica de buena parte de los ciudadanos.
Especialmente polémica resulta esta cuestión en plena crisis de vivienda, cuando el debate político gira alrededor del precio de los alquileres, la propiedad privada y los llamados grandes tenedores.
Wyoming puede defender legítimamente que su patrimonio es fruto de su esfuerzo y que sus ideas políticas no dependen de su cuenta corriente. Pero exactamente por la misma razón, sus críticos también pueden exigir coherencia: si ser rico no invalida sus convicciones, tampoco debería utilizarse la riqueza como arma política contra quienes no comparten su ideología.
La polémica, por tanto, no está en que Wyoming tenga dinero. Está en la distancia entre el discurso de la izquierda sobre los ricos y la realidad patrimonial de algunos de sus principales altavoces mediáticos.


















