Matías Prats, uno de los rostros más veteranos de los informativos de la televisión española, ha vuelto a ser noticia por su patrimonio y por una inversión poco habitual en el mundo de los presentadores: una empresa fotovoltaica creada junto a unos amigos. Según recuerda The Objective, el periodista explicó en una entrevista concedida hace años a la revista LOC que entró en el negocio por invitación de sus amigos, porque le gustan las energías renovables, y que la inversión todavía no le ha dado beneficios.
Un huerto solar que aún no se ha pagado
Prats describió esa inversión como un «huerto» que genera electricidad pero que todavía no ha amortizado lo invertido. Es decir, según sus palabras, la planta funciona, pero el dinero aportado no ha vuelto en forma de beneficios. El diario no ofrece cifras: no se conoce el importe invertido, el nombre de la sociedad ni la participación del presentador. Tampoco consta que la entrevista sea reciente, ya que el medio la sitúa «años» atrás, por lo que los datos pueden haber cambiado.
La noticia, por tanto, no es una revelación nueva sobre los negocios del periodista, sino un repaso a declaraciones antiguas que la publicación rescata ahora, con el foco puesto en cómo gestiona su dinero uno de los presentadores más conocidos de la televisión.
«Mi padre vivía para trabajar y yo, para vivir»
En otra entrevista, concedida a El Faro de Vigo, Prats resumió así la diferencia con su progenitor, el célebre locutor Matías Prats Cañete: su padre «vivía más para trabajar» y él vive «para vivir». El diario recuerda que el veterano narrador apoyó la carrera de su hijo, aunque al principio le costó entender que quisiera seguir sus pasos.
La frase retrata una actitud ante el trabajo y el dinero que contrasta con la de la generación anterior. The Objective la vincula con una forma prudente de invertir, aunque sin citar fuentes concretas.
Una trayectoria de más de cinco décadas
Nacido en Madrid en 1950, Prats estudió Derecho y después Periodismo en la Universidad Complutense y en el CEU San Pablo. Comenzó en la radio a principios de los años setenta y en 1975 se incorporó a los servicios informativos de TVE. Cubrió ocho Juegos Olímpicos, desde Montreal 1976 hasta Sídney 2000, y presentó el programa Estudio Estadio. En los años noventa se puso al frente del Telediario.
En 1998 dio el salto a Antena 3, donde lleva más de 25 años al frente de Antena 3 Noticias. Ha compartido pantalla con Susanna Griso, Olga Viza y Mónica Carrillo, entre otras, y su cobertura en directo de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York se menciona como uno de sus trabajos más recordados. LaBandera ya recogió, por ejemplo, la polémica sobre el veto a Alfredo Urdaci en el especial del 70 aniversario de TVE.
Publicidad y la cara de una aseguradora
El medio sitúa a Prats entre los presentadores mejor pagados del país y atribuye buena parte de sus ingresos a la publicidad, en especial a más de una década como imagen de la aseguradora Línea Directa, con el eslogan «Permíteme que insista». Esas afirmaciones no se acompañan de fuentes ni de cifras, de modo que deben tomarse como una valoración del propio diario, no como datos contrastados.
El diario añade, también sin citar fuentes, que sus ingresos por imagen, eventos corporativos y emisiones se habrían canalizado a través de sociedades. LaBandera no puede confirmar ese extremo ni los detalles de su patrimonio, que corresponden a su vida privada, y por eso no los reproduce.
Qué se sabe y qué no
De todo lo publicado, lo único con respaldo directo en palabras del propio Prats es que invirtió en una empresa solar con amigos, que la inversión aún no es rentable y que su padre vivía más para trabajar mientras él prefiere vivir. El resto son caracterizaciones del medio sin atribución.
No consta ninguna controversia financiera ni ninguna actuación de las autoridades en relación con su patrimonio. Se trata, en definitiva, de un perfil sobre cómo un presentador veterano ha decidido destinar parte de su dinero a las energías limpias y de qué forma entiende su relación con el trabajo, sin que haya hechos nuevos que justifiquen mayor alarma que la curiosidad.




















