«Viajar en tren es seguro, por más portavoces del apocalipsis que salgan estos días». Este era el mensaje difundido desde el entorno de la televisión pública en plena polémica por la seguridad ferroviaria. Lo dijo el periodista de la sincronizada en TelePedro, el director de ElPlural Chema Garrido, en los tiempos del novio de Sarah Santaolalla.
Pero la tragedia de Urda, después del accidente de Adamuz en enero, ha devuelto a la actualidad las palabras con las que Óscar Puente pidió tranquilidad a los españoles. Y ha provocado una nueva reacción del escritor Juan Soto Ivars: «Los peligros de abrazarse a leprosos».
La frase de Soto Ivars llega después de que un comunicador defendiera en Mañaneros, de TVE, la seguridad del ferrocarril frente a quienes cuestionan la gestión de las infraestructuras. Un discurso que contrasta con la gravedad de los accidentes y con las preguntas todavía pendientes sobre el mantenimiento, los sistemas de protección y la supervisión de la red.
«Bajísima. Tranquilidad»: las palabras que persiguen a Puente
El 23 de enero de 2026, cinco días después del accidente de Adamuz, que dejó 46 fallecidos, el ministro de Transportes aseguró que la probabilidad de que se produjera otro accidente de características similares era «muy baja. Bajísima». Su mensaje terminó con una palabra: «Tranquilidad».
Nueve meses después, la colisión entre un AVE y un tren Iryo en Urda ha vuelto a sacudir la confianza de los viajeros y ha situado aquellas declaraciones en el centro del debate público.
Que dos tragedias ferroviarias se hayan producido en un mismo año no demuestra por sí solo que compartan las mismas causas. Pero sí hace inevitable exigir explicaciones sobre las medidas preventivas adoptadas después de Adamuz y sobre la seguridad de las infraestructuras.
El ministro no dimite y las explicaciones no bastan
Mientras el Gobierno promete investigaciones y anuncia nuevas medidas, Óscar Puente ha descartado dimitir. La responsabilidad técnica de cada accidente deberá establecerse mediante las investigaciones correspondientes, pero la responsabilidad política también exige rendir cuentas sobre la gestión del sistema ferroviario.
Las críticas no se limitan al ministro. También alcanzan a quienes, desde los medios de comunicación de a 'sincronizada', han presentado las advertencias sobre la seguridad como alarmismo, sin que eso exima de rigor a quienes cuestionan al Gobierno.
Los españoles no necesitan consignas tranquilizadoras ni mensajes catastrofistas: necesitan garantías verificables, inversiones eficaces y responsables que expliquen qué ha fallado. Después de Adamuz y Urda, repetir que viajar en tren es seguro no puede sustituir a la obligación de demostrar que se están haciendo todos los esfuerzos necesarios para evitar otra tragedia.




















