El doctor José Enrique Roviralta ha denunciado en ‘Horizonte’ que se multiplican las peleas entre inmigrantes en Ceuta, hasta el punto de que al hospital ha llegado un hombre sin una oreja después de una agresión.
El facultativo también ha alertado del aumento de las intoxicaciones relacionadas con el alcohol y las drogas, especialmente por gas de la risa, metanfetaminas y cocaína, dibujando un escenario que considera cada vez más preocupante.
Roviralta ha trasladado esta denuncia durante una entrevista en El Cascabel, de TRECE, donde ha descrito una ciudad que, 40 días después de la entrada masiva registrada a finales de julio, continúa viviendo una situación que califica de crítica.
El relato del médico apunta directamente a la presión que está soportando el sistema sanitario. «Mis compañeros de médico de urgencia están desesperados, no se puede mantener un servicio de urgencia con 5 o 6 médicos», ha denunciado. Según su testimonio, algunos profesionales terminan sus jornadas entre lágrimas y otros continúan trabajando incluso con problemas de salud para evitar dejar sin asistencia a sus compañeros.
Pero el problema, según Roviralta, trasciende las urgencias hospitalarias y se ha convertido en una crisis de convivencia y seguridad que afecta a toda la población.
El facultativo ha hablado de un incremento de las peleas y de episodios violentos protagonizados entre inmigrantes y ha puesto como ejemplo el caso extremo de un paciente que llegó al hospital con una oreja amputada tras una agresión. A ello se suma, según su denuncia, el incremento de las intoxicaciones por consumo de sustancias, entre ellas óxido nitroso —conocido como gas de la risa—, metanfetaminas y cocaína, además del alcohol.
«Ceuta es un polvorín social»
La situación está teniendo también un fuerte impacto psicológico entre los ceutíes. Roviralta ha asegurado que en su consulta atiende a personas mayores que viven atemorizadas, especialmente durante las noches, y que necesitan tratamiento farmacológico debido a la angustia que padecen.
Su diagnóstico es contundente: «Ceuta es un polvorín social». El médico ha explicado que muchos padres optaron por enviar a sus hijos a la Península durante el verano ante el temor generado por la situación. «En Ceuta parecía que había pasado el flautista de Hamelin, porque no había niños», ha relatado.
Especial preocupación le produce el impacto sobre los menores con trastorno del espectro autista o TDAH, que, según su testimonio, han visto limitada su posibilidad de salir a la calle. También ha advertido de las consecuencias psicológicas que puede tener para los niños crecer durante semanas viendo presencia policial y militar armada en los accesos a los colegios.
El temor a que Ceuta se convierta en una «nueva Lampedusa»
Roviralta considera especialmente peligroso que la crisis termine cronificándose y desaparezca de la agenda política y mediática. «No vemos un ministerio que nos diga que ya viene el séptimo de caballería», ha lamentado.
El médico compara incluso la situación actual con la pandemia de COVID, asegurando que ahora existe una diferencia fundamental: entonces había protocolos comunes y una respuesta coordinada, mientras que ahora los ciudadanos perciben una situación de catástrofe sin un horizonte claro.
Su advertencia final es especialmente grave: si no se produce una respuesta contundente, Ceuta corre el riesgo de quedar abandonada y convertirse en una nueva Lampedusa, atrapada en una crisis migratoria permanente.
Mientras el Gobierno defiende el aumento de las plazas de acogida hasta 6.000, en las calles y en los servicios sanitarios de Ceuta crece, según este testimonio médico, la sensación de que la emergencia no ha terminado y de que la ciudad continúa pagando el precio de una crisis cuya dimensión todavía no ha sido resuelta.






















