Cada crisis en Ceuta reabre un debate con siglos de historia
Cada vez que la presión migratoria aumenta sobre Ceuta o Melilla, las redes sociales vuelven a llenarse de mensajes que presentan ambas ciudades como «territorio marroquí ocupado por España». La afirmación suele difundirse con rapidez, especialmente fuera de España, donde el conocimiento de la historia del norte de África es limitado. Sin embargo, pocas veces esas publicaciones explican cómo evolucionó realmente la soberanía sobre ambos enclaves o qué dicen los documentos históricos y los tratados internacionales que han marcado su desarrollo político.
La discusión no es nueva. Marruecos reivindica oficialmente Ceuta, Melilla y otros territorios españoles del norte de África desde la segunda mitad del siglo XX, mientras que España sostiene que ambas ciudades forman parte de su territorio desde mucho antes de la creación del Estado marroquí contemporáneo. Esa diferencia de planteamiento obliga a mirar varios siglos atrás, porque el origen del debate no se encuentra en la política reciente, sino en una sucesión de acontecimientos históricos que comenzaron mucho antes de que existieran las fronteras actuales del Magreb.
El profesor Carlos Echeverría Jesús, uno de los mayores especialistas españoles en el estudio de Ceuta y Melilla, recuerda que la evolución histórica de estos territorios no puede analizarse utilizando categorías políticas contemporáneas. En su estudio Las raíces históricas de Ceuta, Melilla y el resto de los territorios españoles del Norte de África, explica que ambos enclaves han pasado por manos fenicias, cartaginesas, romanas, bizantinas, musulmanas, portuguesas y españolas, lo que convierte su historia en una de las más complejas de toda la cuenca mediterránea.
Mucho antes de Marruecos ya existían Ceuta y Melilla
La historia de ambas ciudades comienza casi tres mil años antes de nuestros días. Los primeros asentamientos permanentes surgieron durante la expansión comercial de los fenicios, entre los siglos VIII y VII antes de Cristo. Procedentes del actual Líbano, aquellos navegantes buscaban controlar las rutas marítimas que conectaban el Mediterráneo oriental con el Atlántico y encontraron en la costa norteafricana dos puertos naturales de enorme valor estratégico.
Con el paso del tiempo, aquellos pequeños establecimientos comerciales quedaron bajo influencia cartaginesa. Tras la derrota de Cartago frente a Roma en las Guerras Púnicas, Ceuta y Melilla fueron incorporadas al mundo romano. La primera pasó a conocerse como Septem Fratres, nombre del que deriva el actual topónimo Ceuta, mientras que Melilla recibió el nombre de Rusadir.
Durante varios siglos, ambas ciudades formaron parte de la provincia romana de Mauritania Tingitana. Conviene detenerse en este punto porque suele dar lugar a confusiones. La palabra Mauritania no hace referencia al actual Estado de Mauritania ni al Reino de Marruecos, sino a una provincia administrativa del Imperio romano cuya delimitación y organización respondían exclusivamente a la estructura política de Roma.
El historiador británico Hugh Kennedy, especialista en el mundo islámico medieval, recuerda que resulta un error proyectar los Estados nacionales contemporáneos sobre la Antigüedad y la Edad Media. Las entidades políticas de aquella época no respondían al concepto moderno de soberanía territorial, sino a sistemas de poder basados en dinastías, ciudades y alianzas militares.

Del Imperio romano a los grandes imperios islámicos
La caída del Imperio romano de Occidente en el siglo V abrió un periodo de profundas transformaciones. Los vándalos ocuparon parte del norte de África antes de que el Imperio bizantino recuperara varias posiciones costeras durante el reinado de Justiniano. Ceuta volvió entonces a integrarse en la órbita imperial de Constantinopla, mientras Melilla alternó periodos de decadencia con etapas de recuperación económica.
Todo cambió a finales del siglo VII con la expansión del islam. Los ejércitos musulmanes conquistaron rápidamente el norte de África y las dos ciudades quedaron incorporadas a un espacio político que experimentaría continuas transformaciones durante los siglos siguientes. Idrisíes, almorávides, almohades, benimerines o wattásidas ejercieron el control de Ceuta y Melilla en diferentes momentos, aunque sus dominios variaban constantemente como consecuencia de guerras, alianzas y cambios dinásticos.
Los especialistas coinciden en que aquellas entidades políticas no pueden equipararse al actual Reino de Marruecos. El profesor Miguel Ángel de Bunes Ibarra, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha explicado en diversos trabajos que el Magreb medieval funcionaba mediante grandes estructuras dinásticas cuya autoridad fluctuaba en función de la capacidad militar de cada soberano. Las fronteras eran extraordinariamente cambiantes y no existía una organización estatal comparable a la que surgió en la época contemporánea.
Comprender esa diferencia resulta esencial para interpretar correctamente la historia de Ceuta y Melilla. Durante la Edad Media, el poder sobre ambas ciudades cambió de manos en numerosas ocasiones, igual que ocurrió con buena parte del Mediterráneo. Sin embargo, hablar de «Marruecos» en el sentido actual para referirse a aquellos siglos supone utilizar un concepto político que todavía no existía.

La conquista de Ceuta cambió la historia del Mediterráneo occidental
El acontecimiento que transformó para siempre la historia de Ceuta tuvo lugar el 21 de agosto de 1415. Ese día, una flota portuguesa compuesta por más de doscientas embarcaciones y dirigida por el rey Juan I de Portugal tomó la ciudad tras una operación militar cuidadosamente preparada durante meses. No se trató de una incursión aislada ni de una expedición improvisada, sino del inicio de una nueva estrategia geopolítica portuguesa destinada a controlar las rutas comerciales del Atlántico y del norte de África. Muchos historiadores consideran aquella conquista el punto de partida de la expansión ultramarina portuguesa que, décadas después, llevaría a ese reino a alcanzar las costas de la India y Brasil.
La importancia de Ceuta iba mucho más allá de su tamaño. Controlar la ciudad significaba dominar uno de los pasos marítimos más estratégicos del mundo, el estrecho de Gibraltar, por donde transitaban las rutas comerciales entre el Mediterráneo y el Atlántico. El medievalista británico Peter Russell, uno de los mayores especialistas en la historia portuguesa del siglo XV, sostiene que la conquista de Ceuta respondió tanto a motivos económicos como estratégicos y religiosos. Portugal pretendía debilitar el comercio transahariano, reforzar su influencia marítima y proyectarse como una potencia en expansión.
Desde aquel momento, Ceuta dejó de depender de las dinastías musulmanas que se disputaban el control del Magreb occidental. La ciudad pasó a integrarse en la Corona portuguesa y comenzó una nueva etapa política que, con diferentes formas jurídicas, se prolonga hasta la actualidad.
La decisión que convirtió definitivamente a Ceuta en española
Uno de los episodios más desconocidos de esta historia tuvo lugar más de dos siglos después. Entre 1580 y 1640, Portugal y España compartieron monarca durante la llamada Unión Ibérica. Ceuta quedó integrada en esa monarquía compuesta junto al resto de los territorios portugueses.
Cuando Portugal recuperó su independencia en diciembre de 1640, cabría pensar que Ceuta regresaría automáticamente a la soberanía portuguesa. Sin embargo, ocurrió precisamente lo contrario.
Las autoridades de la ciudad, apoyadas por buena parte de la población, decidieron mantener su fidelidad al rey de España. No fue una imposición militar ni una anexión posterior, sino una decisión política adoptada en un contexto de enorme incertidumbre para toda la península ibérica.
Ese hecho constituye uno de los argumentos históricos más relevantes para comprender la situación actual de Ceuta. La ciudad no pasó a España como consecuencia de una guerra contra Marruecos ni mediante un reparto colonial del norte de África. Permaneció vinculada a la Monarquía Hispánica cuando Portugal recuperó su independencia.
La situación quedó definitivamente consolidada mediante el Tratado de Lisboa de 1668, por el que Portugal reconoció oficialmente la soberanía española sobre Ceuta. El catedrático de Derecho Internacional José Alejandro del Valle Gálvez, de la Universidad de Cádiz, considera este tratado uno de los principales títulos jurídicos que sustentan la posición española, al consolidar internacionalmente una realidad política que ya existía desde hacía décadas.
Desde entonces, la soberanía española sobre Ceuta ha permanecido ininterrumpida durante más de tres siglos y medio.

Melilla siguió un camino diferente, pero llegó al mismo destino
La historia de Melilla presenta algunas diferencias respecto a la de Ceuta, aunque desemboca en un resultado muy similar.
A finales del siglo XV, la ciudad atravesaba una profunda decadencia. Las luchas entre distintas dinastías magrebíes habían debilitado gravemente la plaza y buena parte de sus habitantes la había abandonado. Diversas crónicas castellanas y portuguesas describen una ciudad prácticamente arruinada, cuya importancia estratégica seguía siendo evidente pese a su deterioro económico.
El 17 de septiembre de 1497, una expedición organizada por el poderoso duque de Medina Sidonia, Juan Alonso Pérez de Guzmán, tomó posesión de Melilla en nombre de la Corona de Castilla. La operación apenas encontró resistencia organizada.
El historiador Miguel Ángel de Bunes Ibarra, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), explica que la ocupación de Melilla debe entenderse dentro del contexto estratégico de finales del siglo XV, cuando Castilla y Portugal competían por consolidar posiciones en el Mediterráneo y proteger las costas peninsulares frente a la piratería y las incursiones procedentes del norte de África.
Desde aquel momento, Melilla quedó integrada en la Corona castellana y nunca volvió a abandonar la soberanía española.
El nacimiento del Estado marroquí contemporáneo llegaría siglos después
Uno de los aspectos que con mayor frecuencia se pasa por alto en el debate público es la enorme distancia cronológica que separa estos acontecimientos del nacimiento del Marruecos contemporáneo.
Cuando Portugal conquistó Ceuta en 1415, faltaban todavía 541 años para que Marruecos recuperara su independencia en 1956.
Cuando Castilla incorporó Melilla en 1497, aún transcurrirían 459 años hasta ese mismo acontecimiento.
Este dato no significa que el territorio del actual Marruecos careciera de organización política durante esos siglos. Existieron importantes dinastías como los saadíes o los alauíes, esta última todavía reinante. Sin embargo, numerosos historiadores advierten contra la tentación de identificar automáticamente aquellas monarquías con el actual Estado marroquí, surgido tras un proceso de transformación política muy posterior.
El historiador Jamil M. Abun-Nasr, autor de A History of the Maghrib in the Islamic Period, explica que los Estados magrebíes medievales y modernos experimentaron constantes cambios territoriales y de autoridad, muy alejados del concepto contemporáneo de soberanía estatal.
Comprender esta diferencia resulta esencial para interpretar correctamente el debate actual. La continuidad histórica de Ceuta y Melilla bajo soberanía portuguesa primero y española después se desarrolló durante varios siglos antes del nacimiento del Reino de Marruecos como Estado independiente reconocido internacionalmente.
Un argumento que suele olvidarse: Ceuta y Melilla nunca formaron parte del Protectorado
Existe otro hecho histórico que suele quedar fuera de las discusiones en redes sociales.
Cuando España y Francia firmaron en 1912 el tratado que establecía el Protectorado sobre Marruecos, Ceuta y Melilla quedaron expresamente fuera de ese acuerdo.
La razón era sencilla. España no administraba ambas ciudades como territorios pertenecientes al sultanato marroquí, sino como parte integrante de su propio territorio desde hacía siglos.
Por ese motivo, cuando el Protectorado desapareció en 1956 tras la independencia marroquí, Ceuta y Melilla no cambiaron de estatus jurídico. No formaban parte del territorio protegido cuya administración cesaba, sino que continuaron bajo la misma soberanía que habían mantenido durante siglos.
Este aspecto ha sido subrayado por diversos especialistas en Derecho Internacional, que distinguen claramente entre los territorios sometidos al régimen del Protectorado y las plazas que España consideraba integradas en su territorio con anterioridad.

La independencia de Marruecos no modificó el estatus de Ceuta y Melilla
El 2 de marzo de 1956, Francia reconoció la independencia de Marruecos. Apenas unas semanas después, España hizo lo propio respecto al Protectorado que administraba en el norte del país. Aquel acontecimiento marcó el nacimiento del Marruecos contemporáneo como Estado plenamente soberano y reconocido por la comunidad internacional.
Sin embargo, Ceuta y Melilla no experimentaron ningún cambio jurídico. La razón era sencilla: ambas ciudades no pertenecían al Protectorado que acababa de extinguirse. España las administraba con un régimen completamente distinto porque consideraba que formaban parte de su territorio desde mucho antes de la creación del Protectorado en 1912. Esa diferencia explica por qué, mientras ciudades como Tetuán, Larache o Alcazarquivir pasaron a integrarse en el nuevo Estado marroquí, Ceuta y Melilla continuaron bajo administración española.
El profesor José Alejandro del Valle Gálvez, catedrático de Derecho Internacional Público de la Universidad de Cádiz, ha señalado que este aspecto resulta esencial para comprender la posición jurídica española. En diversos trabajos sostiene que la situación de Ceuta y Melilla no puede analizarse como un supuesto clásico de descolonización, precisamente porque la presencia española en ambas ciudades es muy anterior al Protectorado y descansa sobre títulos históricos y tratados internacionales distintos.
¿Qué dice Naciones Unidas?
Uno de los argumentos más repetidos consiste en afirmar que Ceuta y Melilla son «colonias pendientes de descolonización». Sin embargo, la situación jurídica es más compleja.
Las Naciones Unidas mantienen una lista oficial de Territorios No Autónomos, elaborada en el marco del proceso de descolonización iniciado tras la Segunda Guerra Mundial. En esa lista figuran territorios como Gibraltar, las Islas Malvinas o Nueva Caledonia. Ceuta y Melilla nunca han formado parte de esa relación oficial.
Eso no significa que Naciones Unidas se haya pronunciado expresamente sobre la soberanía española, sino que las ciudades no han sido tratadas por la organización como un caso de descolonización equiparable al de otros territorios. España sostiene precisamente ese argumento: que Ceuta y Melilla forman parte integrante de su territorio y, por tanto, no constituyen colonias en el sentido jurídico utilizado por Naciones Unidas.
Marruecos mantiene una interpretación distinta y considera que ambas ciudades deberían ser objeto de negociación bilateral, del mismo modo que España reclama la devolución de Gibraltar al Reino Unido. Sin embargo, ambos casos presentan diferencias jurídicas e históricas importantes. Gibraltar figura expresamente en la lista de Territorios No Autónomos de Naciones Unidas; Ceuta y Melilla, no.
La reivindicación marroquí es relativamente reciente
Aunque hoy pueda parecer un conflicto histórico permanente, la reivindicación diplomática de Ceuta y Melilla adquirió protagonismo sobre todo después de la independencia de Marruecos.
Durante el reinado de Hasán II, Rabat incorporó progresivamente la cuestión de las ciudades autónomas a su política exterior. La recuperación de Ifni en 1969 reforzó la idea de que otros territorios administrados por España podían convertirse en objeto de futuras reclamaciones. Desde entonces, los sucesivos gobiernos marroquíes han mantenido una posición constante: consideran que Ceuta, Melilla y los peñones e islotes españoles del norte de África deberían integrarse en Marruecos.
España, por el contrario, ha mantenido una línea igualmente estable. Todos los gobiernos, con independencia de su signo político, han defendido que Ceuta y Melilla forman parte del territorio nacional y que su soberanía no constituye una cuestión abierta a negociación. Esa continuidad institucional ha sido una de las características más llamativas de la política exterior española desde la Transición.
Una historia compartida, pero una evolución política diferente
La historia del norte de África demuestra que las fronteras actuales no existían durante buena parte de la Antigüedad y de la Edad Media. Fenicios, romanos, bizantinos, árabes, bereberes, portugueses y españoles dejaron su huella en un territorio que durante siglos estuvo marcado por el comercio, las guerras y los intercambios culturales.
Reducir esa complejidad a la idea de que Ceuta y Melilla fueron simplemente «marroquíes» o «españolas» desde su origen no refleja la realidad histórica. Lo que sí muestran con claridad las fuentes documentales es que ambas ciudades iniciaron su vinculación con las coronas portuguesa y castellana entre los siglos XV y XVI y que esa continuidad política se ha mantenido hasta nuestros días, atravesando cambios dinásticos, tratados internacionales, guerras europeas, la desaparición de los imperios coloniales y el nacimiento del Marruecos independiente.
El profesor Carlos Echeverría Jesús resume esa evolución señalando que la historia de Ceuta y Melilla debe entenderse como una sucesión de etapas diferenciadas, en las que confluyen factores estratégicos, políticos y jurídicos imposibles de reducir a un único relato nacional. Precisamente por eso, cualquier análisis serio exige atender a la cronología completa y no solo a los acontecimientos más recientes.
Las fechas que ayudan a entender el debate
Si hubiera que resumir casi tres mil años de historia en unas pocas fechas, probablemente serían estas:
- Siglos VIII-VII a. C.: los fenicios fundan los primeros asentamientos permanentes.
- Siglo II a. C.: Roma incorpora ambos enclaves tras las Guerras Púnicas.
- Siglo VI d. C.: el Imperio bizantino recupera Ceuta.
- Siglo VII: comienza la expansión islámica por el norte de África.
- 21 de agosto de 1415: Portugal conquista Ceuta.
- 17 de septiembre de 1497: Castilla incorpora Melilla.
- 1640: Ceuta permanece fiel a la Monarquía Hispánica tras la independencia de Portugal.
- 1668: el Tratado de Lisboa reconoce la soberanía española sobre Ceuta.
- 1912: España y Francia crean el Protectorado de Marruecos; Ceuta y Melilla quedan fuera.
- 1956: Marruecos obtiene la independencia; el estatus jurídico de Ceuta y Melilla no cambia.
- 1995: ambas ciudades aprueban sus Estatutos de Autonomía.
Más allá de la polémica
La presión migratoria, las crisis diplomáticas y las redes sociales seguirán reabriendo periódicamente el debate sobre Ceuta y Melilla. Es previsible que cada episodio vuelva acompañado de mensajes simplificados, consignas políticas y afirmaciones categóricas que apenas dejan espacio para el contexto histórico.
Sin embargo, la historia rara vez admite explicaciones simples. Ceuta y Melilla no son el resultado de un único acontecimiento ni de una decisión reciente, sino de una evolución que se prolonga durante casi tres mil años y que ha atravesado algunas de las transformaciones políticas más profundas del Mediterráneo occidental.
Quien pretenda comprender el origen de la soberanía española sobre ambas ciudades debe mirar mucho más atrás que la actualidad. Debe recorrer la historia desde los fenicios hasta Roma, desde Bizancio hasta las dinastías del Magreb, desde la conquista portuguesa de Ceuta y la incorporación castellana de Melilla hasta los tratados internacionales que consolidaron esa situación y la mantuvieron tras la independencia de Marruecos.
Solo desde esa perspectiva es posible entender por qué este debate continúa vivo y por qué, más allá de las posiciones políticas de cada parte, sigue siendo uno de los asuntos históricos y diplomáticos más complejos de las relaciones entre España y Marruecos.





















