La imputación de José Luis Rodríguez Zapatero ha provocado mucho más que una sacudida judicial. En Moncloa ya asumen que el caso puede destrozar completamente la estrategia política diseñada por Pedro Sánchez para llegar con fuerza a las elecciones de 2027.
Y lo peor para el PSOE es que el daño no parece controlable.
Porque el problema ya no es solo judicial. El golpe empieza a extenderse sobre todo el bloque progresista y amenaza directamente uno de los pilares más importantes de la legislatura: convertir al PSOE en el único gran refugio electoral de la izquierda mientras Sánchez intentaba conquistar también parte del centro político.
Ahora todo ese plan empieza a tambalearse.
El gran proyecto de Sánchez se rompe antes de tiempo
Durante meses, en Moncloa trabajaban con una hoja de ruta muy concreta.
El objetivo era claro: absorber definitivamente el espacio político de Sumar, consolidar la hegemonía total del PSOE en la izquierda y aprovechar el crecimiento de Vox para desgastar poco a poco a Alberto Núñez Feijóo en el centro derecha.
La estrategia buscaba reproducir una polarización casi perfecta.
Sánchez pretendía aparecer como el único muro frente a la derecha mientras proyectaba una imagen de estabilidad institucional y buena gestión económica. Todo ello acompañado por una fuerte ofensiva social y medidas económicas pensadas para ampliar base electoral.
Pero la imputación de Zapatero lo ha cambiado todo.
En el PSOE ya admiten miedo al efecto dominó
La preocupación dentro del partido empieza a ser evidente.
Especialmente porque nadie sabe todavía hasta dónde puede llegar la investigación judicial ni si aparecerán derivadas que terminen salpicando a antiguos miembros del Gobierno o decisiones tomadas durante aquella etapa.
Eso explica algunos movimientos recientes dentro del Ejecutivo que hasta hace pocos días parecían extraños.
Por ejemplo, el esfuerzo del Gobierno por defender públicamente detalles concretos sobre el rescate de Plus Ultra antes incluso de que aumentara la presión mediática.
En Moncloa saben que el problema no es únicamente jurídico. El verdadero daño ya es político y emocional.
El “faro moral” de la izquierda entra en crisis
Dentro del PSOE preocupa especialmente el simbolismo del caso.
Zapatero llevaba años convertido en una especie de referente moral para gran parte del electorado progresista. Una figura muy respetada dentro de la izquierda española e incluso recuperada internacionalmente como mediador político en distintos conflictos.
Por eso el impacto está siendo tan corrosivo.
No afecta solo a una persona. Afecta directamente al relato político construido alrededor del sanchismo durante los últimos años.
Y eso explica que algunas voces socialistas empiecen ya a pedir discretamente marcar distancias.
La teoría del lawfare empieza a desgastarse
En un primer momento, parte del entorno socialista intentó activar rápidamente el discurso de la persecución judicial.
La estrategia buscaba movilizar al electorado progresista alrededor de la idea de un supuesto lawfare contra figuras de izquierdas.
Pero según avanzaron las horas y empezaron a conocerse detalles del auto judicial y de los informes de la UDEF, esa línea comenzó a debilitarse incluso entre socios parlamentarios del Gobierno.
La sensación en algunos sectores es que sostener esa tesis podría acabar generando todavía más desgaste si aparecen nuevas revelaciones.
Sánchez intenta aparentar normalidad mientras crece la tensión
Públicamente, el presidente mantiene la calma.
En las últimas horas ha seguido adelante con su agenda institucional participando en actos oficiales y manteniendo viajes internacionales previstos, como su visita al Vaticano para reunirse con el Papa.
Pero en privado el ambiente es muy distinto.
Dentro del partido ya hay dirigentes que empiezan a asumir que este asunto puede convertirse en el gran problema político de la legislatura.
Y algunos incluso lanzan una advertencia inquietante:
“Esto solo acaba de empezar”.
El PSOE teme perder el control total del relato
Hasta ahora, Sánchez había conseguido sobrevivir políticamente a prácticamente cualquier crisis gracias al control de los tiempos y del relato político.
Pero el caso Zapatero introduce un elemento muy diferente.
Porque afecta a uno de los expresidentes socialistas más protegidos y simbólicos de las últimas décadas. Y porque la investigación judicial amenaza con monopolizar completamente el debate político durante meses.
Eso rompe cualquier planificación electoral.
Y en Moncloa empiezan a asumir que el escenario de aquí a 2027 ya no depende únicamente de ellos.













